Columnistas

Coronell, el fraguador de denuncias
Autor: Rubén Darío Barrientos
4 de Febrero de 2016


El portal La Silla Vacía, en una de sus crónicas de la semana pasada, manifestó que “el periodista Daniel Coronell suma la séptima cabeza de un personaje público que cae por denuncias publicadas en la revista Semana”.

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El portal La Silla Vacía, en una de sus crónicas de la semana pasada, manifestó que “el periodista Daniel Coronell suma la séptima cabeza de un personaje público que cae por denuncias publicadas en la revista Semana”. Se refería, exactamente a: Jorge Armando Otálora, Defensor del Pueblo, con la columna “El acoso no era solo laboral, también sexual”; Miguel Peñaloza, ministro de Transporte de Santos, con “Prosperidad democrática”; J. J. Rendón, estratega de la reelección de Juan Manuel Santos, con “La comba al palo”; Germán Chica, presidente Federaciones de Departamentos, con la misma columna anterior; Maritza Escobar, directora del CTI, con “Mi hermano y yo”; Gustavo Palacino, presidente grupo Saludcoop, con “Padres e hijos” y Luis Guillermo Giraldo, secretario del partido de la U, con “Homenaje a Luis Guillermo”.


Sin embargo, yo sostengo que Daniel Coronell no es un columnista en el sentido estricto de la palabra. Voy a explicar por qué. Tradicionalmente, un columnista es quien expresa su opinión o punto de vista acerca de un hecho de actualidad o una situación determinada. Y ello lo hace de manera periódica, dejando en los lectores una línea ideológica para que éstos lo evalúen de conformidad con los argumentos esgrimidos. Resulta que Coronell le ha dado continuidad a presentar denuncias en la revista Semana, usufructuando su espacio como columnista y condenando cual juez draconiano. Y hay que decir las cosas como son: a él le engendran las columnas. Simplemente, Coronell las amasa, les da forma y las presenta bajo su rúbrica.


Es muy sencillo. Coronell vive en Estados Unidos y trabaja para Univisión. Desde allí recibe llamadas y acuciosos correos de sus amigos investigadores Ignacio Gómez y Juan Luis Martínez, de Noticias Uno. Ellos, les pasan los datos completos de los seguimientos noticiosos, las pistas de los informantes y las pruebas que han recaudado. ¿Qué hace Coronell? Constata lo que le dicen y llama a los implicados (casi nunca lo atienden). Trabaja con varias semanas de antelación los tópicos y muchas veces se le queman en el horno las columnas, bien porque teme pisar algunos callos o bien porque duda de la verosimilitud de algunas denuncias. Cuando esto último pasa, leemos los lectores de la revista: “Esta semana no escribe Daniel Coronell”.


Nacho Gómez, es el gran artífice de las columnas de Coronell. Y jamás, éste le entrega un crédito: se roba solito todo el show. Cada día moldea los asuntos posibles y a veces acude a Ramiro Bejarano para consultarle cositas. La labor de Coronell es más del trote periodístico especializado en denuncias, que del columnista opinador: finalmente, es un cazador de escándalos. Tiene, sí, arrojo y valentía para poner su nombre como autor del artículo, sin haberlo parido. Ya le ha tocado rectificar (verbigracia, propiedades de Pretelt y ataques a un empresario por tráfico de drogas). Insisto, en que lo que hace dista de ser puro columnismo. Escasísimas veces opina, porque le cede su espacio a recolectar y recopilar investigaciones para tumbar personajes públicos con desigualdad de armas. Ese es su prurito. 


Es fácil presentar columnas que se hacen a seis u ocho manos. Lo que sí es innato es su coraje para reflejar lo que encarga. Coronell tiene agallas, pero más que eso derrocha poder para que le publiquen lo que sea, contra quien sea y como sea. Finalmente, él responde por sus actos. Un columnista con un envidiable medio como Semana, con la libertad de escribir lo que le dé la gana y con investigadores que les nutren los temas, tiene una tarea relativamente simplista. La valentía es la que desequilibra. Pocos se dan ese lujo como él, que no funge técnicamente como columnista sino como denunciador. Pero que triunfa como columnista. Así es la vida.