Columnistas

Hablar y escuchar
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
1 de Febrero de 2016


El lenguaje está al servicio del hombre para tomar posesión de la realidad.

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lugore55@gmail.com


El lenguaje está al servicio del hombre para tomar posesión de la realidad. 


Cuando empieza a expresarse, se abren para él los caminos de lo espiritual e intelectual, porque su sentir y su pensar perduran en la historia al convertirlos en signos gráficos. 


Lo errante de su destino y el prodigio de su genio se fijan y permanecen en su lenguaje.


Un pensador expresó: “la verdadera universidad hoy día son los libros, son las bibliotecas”. Es verdad, porque nada aprende mejor el hombre que lo que aprende por sí mismo, lo que le exige un esfuerzo personal de búsqueda y de asimilación.


Los libros nos amplían la mente hacia el pasado y nos preparan para encarar el porvenir. Leer y escribir es aprender a vivir con dignidad. Si nos expresamos bien, se nos facilitan las relaciones humanas y nos hacemos acreedores al respeto. Considerado el lenguaje como medio de comunicación, debemos poner atención a los siguientes aspectos:


Si la transmisión de las ideas, los pensamientos y sentimientos se hace por escrito, hay necesidad de alguien que LEA (y no es perogrullada); si se hace oralmente, necesitamos de alguien que ESCUCHE atentamente para que el circuito lingüístico se complete.


Los profesionales del idioma han analizado detenidamente al HABLANTE y muy poco la parte de la ESCUCHA. 


Escuchar significa entender, percibir, captar con atención, sinceridad y lealtad lo que dicen los demás. En el terreno de las relaciones personales la escucha es un factor de éxito para mantenerlas, tanto en el orden social como en el familiar. No es exagerado decir que muchas amistades y los vínculos familiares se rompen por incapacidad de escuchar de una de las partes, o de ambas.


Además, es muy importante el lenguaje gestual porque de él depende también el éxito de la comunicación. Brazos cruzados durante la conversación, bostezos, miradas errantes, realizar otras actividades, son posturas que anulan la efectividad del idioma y cortan la comunicación. 


Oyentes profesionales como psiquiatras, consejeros familiares, trabajadoras sociales, psicoanalistas, psicólogos están de acuerdo en hacernos las siguientes recomendaciones:


1. Escuchemos con todo nuestro ser:


 Evitemos todas las distracciones para que nuestra atención sea activa. El que nos habla lo notará en el contacto visual, en nuestros gestos que lo animan a que continúe hablando. Nuestra postura corporal estará indicando interés en lo que lo que el otro dice, tanto como nuestras palabras.


2. No nos desesperemos buscando qué decir; simplemente, escuchemos:


Esto quiere decir que los que hablan necesitan, primordialmente, un oyente. Una persona que sabe escuchar es bien recibida en cualquier reunión, y como son tan escasos los que saben escuchar, quien lo hace bien es altamente apreciado.


3. Alentar la conversación con pequeñas frases:


¿En serio?; explícame un poco más; qué interesante lo que dices…me aclara muchas cosas. 


Opinan los profesionales de la comunicación que conversar con alguien que no reacciona, es como gritarle a un teléfono dañado; nos sentimos ridículos y, por tanto, renunciamos a seguir hablando.


4. Desarrollemos sensibilidad para comprender lo que está detrás de las palabras de quien habla: 


Hay pensamientos internos que las palabras esconden. Debemos “oír” no sólo lo que las personas dicen, sino también lo que se callan. Hasta con las personas amadas nos es muy fácil “oír” solamente las palabras; pero no comprendemos el verdadero mensaje. Si sabemos escuchar, reconoceremos el dolor escondido o la frustración detrás de la crítica.


5. Seamos corteses y calmados al escuchar: 


Esta actitud es muy difícil, pero ayuda a quien nos ofende con sus palabras, a expresar sus sentimientos de una manera más constructiva.


6. Escuchemos sin juzgar: 


 Todos los seres humanos vivimos estableciendo normas del bien y del mal, y siempre estamos dictando juicios. Cuando hacemos esto, cortamos las líneas de comunicación.


Concluyamos diciendo que escuchar es un acto de amor, una posición de respaldo, una acción desinteresada que nos permite entrar en el maravilloso círculo de la amistad y nos facilita la convivencia.


Saber escuchar con efectividad constituye el cincuenta por ciento de la comunicación satisfactoria entre las personas. La carencia de esta habilidad genera incomprensión, conflictos, soledad y malestar.




Comentarios
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villegas
2016/02/01 10:45:51 am
Excelente columna, además de didactica, de actualidad, de ilustruación.