Editorial


Universidad, apertura y debate
31 de Enero de 2016


La visita del Presidente al m韙ico auditorio Le髇 de Greiff y su di醠ogo inicial con la comunidad acad閙ica invita a pensar en nuevas relaciones entre el Gobierno y los universitarios, por ello es ejemplo para Antioquia.

Conocedores del riesgo de fracaso, los responsables de la visita de Juan Manuel Santos a la Universidad Nacional planificaron una reunión, con apariencia de improvisada, con los alumnos de primer semestre, que aún no se vinculan a las beligerantes organizaciones estudiantiles. De acuerdo con voceros de los estudiantes, los preparativos incluyeron la preselección de preguntadores e interrogantes que el mandatario podía responder. Aun con los condicionamientos, superados por la impredecible realidad de la Alma Mater, la visita del Presidente al mítico auditorio León de Greiff y su diálogo inicial con la comunidad académica invita a pensar en nuevas relaciones entre el Gobierno y los universitarios, por ello es ejemplo para Antioquia.


La Universidad Nacional es la institución académica colombiana con mayores logros científicos y académicos, así como la de más amplia cobertura territorial y de alumnos. Por su carácter público es una de las más importantes instituciones del nivel central del Gobierno. Sus condiciones y características no han sido suficientes para construir confianza e interlocución de partes que se saben necesarias entre sí. El distanciamiento, característico desde su fundación en 1867, se radicalizó en los años sesenta, cuando la extrema izquierda la usó para adoctrinar y reclutar jóvenes militantes. De esa década datan los dramáticos choques del movimiento estudiantil con el egresado Carlos Lleras Restrepo, quien como candidato sufrió en 1964 una encerrona que terminó con su evacuación, y como presidente enfrentó el boicot a su visita, el 26 de octubre de 1966, para inaugurar un edificio donado por el magnate estadounidense Nelson Rockefeller, quien lo acompañaba. Los presidentes Misael Pastrana, López Michelsen, Turbay, Betancur, Barco, Gaviria, Samper y Andrés Pastrana, abordaron los temas universitarios en reuniones en la Casa de Nariño, y a través de seguimientos de los organismos de inteligencia. En 2009, Álvaro Uribe fue a la ciudad blanca para apoyar al rector Moisés Wasserman, entonces secuestrado por estudiantes extremistas. 


De la visita del presidente Santos quedan su conferencia de treinta minutos, dedicada al proselitismo por el plebiscito sobre los acuerdos con las Farc, así como una molesta pero pacífica rechifla inflada por medios y redes sociales, y el interrogante sobre el destino que tendrán las discusiones que promovieron los estudiantes invitados a preguntar y la líder Sara Abril, atrevida interlocutora que fijó puntos de desacuerdo con el Gobierno, en materias como el presupuesto militar o la venta de Isagén, y presentó interrogantes de los grupos de izquierda democrática a propósito del financiamiento y acceso a la educación superior y al sistema de ciencia y tecnología. Confiados en que su irreverencia no dará pie a censuras, los estudiantes cuestionaron que el financiamiento esté limitado a los insuficientes recursos definidos por las leyes 30 de 1992 y 1739 de 2014, en la que el entonces senador Eugenio Prieto impulsó que el 60% de un punto del Cree se destine a educación superior. También interrogaron el modelo Ser pilo paga, que otorga créditos condonables a individuos sustituyendo el financiamiento de las universidades públicas y la posibilidad de su gratuidad. Del debate queda pendiente profundizar sobre la destinación de los recursos de 10% de las regalías que el presidente Santos orientó se destinaran al sistema de ciencia y tecnología. Con sus preguntas, y las respuestas iniciales, quedaron abiertos campos que podrán nutrir una discusión abierta entre el Gobierno y los universitarios sobre el modelo de educación superior que Colombia busca y puede darse.


Casi simultánea con la conversación, aún incipiente y desconfiada, en el Auditorio León de Greiff se anunció la decisión de profesores y estudiantes de la Universidad de Antioquia de retirarse de la mesa de trabajo que busca resolver el paro que afecta a más del treinta por ciento de las unidades académicas y que pasa de 120 días, así como identificar alternativas para el sistema de ingreso de nuevos estudiantes a la Alma Mater. Estos hechos denuncian la radicalización de los asambleístas y las dificultades de las directivas para abrir compuertas en busca de diálogos fructíferos en defensa de la institución más importante para los antioqueños, y la segunda académica más relevante del país por su cobertura, calidad académica y producción científica. Su persistencia en el tiempo crea nubarrones de desesperanza por el destino de la Universidad.