Columnistas

El socio que le consiguió Santos a EPM
Autor: Guillermo Maya Muñoz
25 de Enero de 2016


La corporación canadiense Brookfield Asset Management (Brookfield), con residencia en varios paraísos fiscales, compró al gobierno de JM Santos el 57.61% de las acciones de Isagén por 1.925.53 millones de dólares (mdd).

La corporación canadiense Brookfield Asset Management (Brookfield), con residencia en varios paraísos fiscales, compró al gobierno de JM Santos el 57.61% de las acciones de Isagén por 1.925.53 millones de dólares (mdd), en la subasta de un solo postor, después de que la chilena Colbun y la francesa GDF Suez se retiraron sin explicaciones convincentes, pero que se interpreta como “hagámonos pasito”.


¿Qué es Brookfield? Es una corporación que administra activos de infraestructura, inmobiliarios,  y de generación de energía. El portafolio de Brookfield es de 200.000 mdd, casi el 50% de la economía nacional. 


¿Qué es un predador o depredador? Contesta Google: “primera acepción, [animal] que caza animales de otra especie para alimentarse. Segunda acepción [persona] que depreda o saquea”. Una empresa depredadora es aquella que compra o fusiona otras empresas a bajos precios para lograr su control.


Brookfield fue calificada como el perfecto depredador por la revista  Canadian Business, en una crónica firmada por Joanna Pachner: Brookfield Asset Management: A perfect predator (August 16-2010).


La estrategia de Brookfield consiste en esperar agazapado en la manigua del mercado para “comprar activos de gran calidad por menos de su costo de reemplazo”. Bruce Flatt, CEO (Presidente) de Brookfield afirma que este ha sido el “objetivo consistente de la compañía en los últimos años para obtener un rendimiento anual compuesto de 12% a 15% por acción”.


Según Pachner, Brookfield “es el ejemplo por excelencia de lo que los científicos sociales franceses Michel Villette y Catherine Vuillermot - autores del libro From Predators to Icons (2009)- identificaron (…) como la estrategia clave de algunas empresas emblemáticas: evitar el riesgo, sigilosamente buscar la vulnerabilidad de los rivales, y luego abalanzarse sobre ellos cuando el momento es oportuno”. Y, aunque por un activo “puede pagar mucho más de lo que ofrece, por lo general no paga de más”.


El objetivo de los negocios para el CEO Bruce Flatt, en palabras de la periodista, “no es la victoria. Hay que dejar que otros persigan a Moby Dick y se ahoguen en la aventura. Brookfield con mucho gusto juega el papel del tiburón una vez que la sangre está en el agua”.


Eso fue lo que hizo Brookfield con Isagén, se escondió entre los oferentes. Mucho antes, algunos analistas locales daban por ganadora a GDF Suez (Valora Inversiones), a la china Huadian Corporation que se retiró, al igual que a la estadounidense Duke Energy. Sin embargo, llegado el momento, todas desaparecieron y Brookfield quedó como único postor.


Isagén es un bocatto di cardinale: la rentabilidad de Isagén la estima Eduardo Sarmiento “en el orden de 15%, cifra muy superior a los rendimientos del sector financiero y al promedio de la economía, que se estima en 8%”. Bastante lejos del 3.5% como afirmaba el gobierno (La rentabilidad de Isagén, Elespectador.com, mayo 23-2015).


Por otro lado, Santos ¿A quién le regaló Isagén? En una crónica publicada en Canadá por Bertrand Marotte y Jeff Gray, publicado en The Globe y Mail, relacionan a Bombardier, Brookfield y otras compañías canadienses con la evasión de impuestos en el paraíso fiscal de Luxemburgo, de acuerdo con un informe del Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ-Consorcio), (Bombardier’s leaked tax scheme includes arrangements in Luxembourg, dec 10-2014).


Los periodistas canadienses citan al profesor de derecho fiscal, André Lareau (Universidad de Laval): las compañías “utilizan los llamados “arreglos híbridos de desajuste” para jugar con diferentes regímenes fiscales, en diferentes países, con el fin de terminar con una factura de bajos impuestos o cero”.


La estrategia de evasión fiscal está detallado en una carta de Ernst & Young, una empresa internacional  de servicios financieros, que fue filtrada por ICIJ-Consorcio: “(…) consiste en transferir fondos, a una filial con sede en Luxemburgo, en intercambio por acciones preferentes obligatorias redimibles, que son consideradas una deuda. Todos los pagos realizados por la empresa en Luxemburgo (…) se tratan como pagos de intereses y, por lo tanto deducibles y no están sujetos a retención fiscal en Luxemburgo. El efectivo se traslada a la matriz canadiense en la forma de dividendos, que en virtud de un tratado entre Canadá y Luxemburgo no están gravados”. Todo es legal, pero es escandaloso que así suceda, con la complicidad de los gobiernos. 


Además, sobre Brookfield hay investigaciones de fraude en Brasil, indagaciones en la Comisión de la Bolsa de NY, el Departamento de Justicia de los EEUU, la Policía Real Montada de Canadá, etc. (La ‘caja negra’ del nuevo dueño de Isagén, semana.com, enero 13-2016). 


Finalmente, ante los hechos tozudos del Presidente Santos, EPM tiene que vender sus acciones en Isagén (13%) al precio de 1.430  pesos para un total de 1.480.000 millones de pesos, y no quedar atrapada bajo el control de Brookfield, que con el tiempo sabrá cómo licuar la participación de EPM. 


No se puede repetir la historia de EPM con Millicom en OLA, UNE, etc,  para quedar bajo el poder del controlante transnacional. 


PD. A Carolina Maya que desde lejos se preocupa por Colombia.