Editorial


Mosquitos, virus y cuidado de la vida
24 de Enero de 2016


Con el virus nace, pues, un activismo por la limpieza social de niños con apenas seis semanas de gestación y ninguna capacidad de defender su derecho a vivir.

En octubre pasado, la revista Scientific American publicó un informe titulado Enfermedad de Zika: otra razón para odiar los mosquitos. En él recogió la preocupación de médicos estadounidenses por los pacientes contagiados con una enfermedad asociada al síndrome de Guillain-Barré y a microcefalia en niños nonatos. Para la fecha de publicación de ese informe se habían reportado en Colombia once casos de pacientes contagiados con este virus que los científicos conocieron en 1947 y cuya infestación en humanos data de 1968, en África. 


La enfermedad del zika es uno más de los virus transmitidos por vectores, entre ellos el mosquito Aedes Aegipty, que se reproducen y atacan en regiones tropicales de América, África y Asia. Las autoridades de salud calculan, sin duda partiendo de sub-registros, que son responsables del 17% de los casos de enfermedades infecciosas y de un millón de muertes anuales, afectando principalmente a niños y ancianos que habitan en regiones desprotegidas. Hasta el año 2009, el virus era considerado bastante inocuo pero ya en ese año aparecen registros como el del médico Edward B. Hayes, quien divulgó investigaciones sobre la ocurrencia del virus fuera de África y develó la gravedad de las enfermedades asociadas a su contagio, en particular la microcefalia de bebés en gestación. Tras este hallazgo, y el posterior que asocia el virus al desarrollo de la enfermedad de Guillain-Barré, se han publicado centenares de documentos en revistas científicas, medios de divulgación especializada y prensa generalista en los que explican las afectaciones de un mal que en Colombia fue presentado el año pasado como de riesgo aún menor que el que representó el Chikunguña, que tuvo 77 afectados.


Tras décadas caracterizadas por tibias intervenciones nacionales o por extraordinarias y multimillonarias inversiones en inciertas vacunas contra la malaria, la OMS instituyó su comité de estudios sobre las enfermedades transmitidas por vectores y le delegó responsabilidades de evaluar métodos preventivos o terapéuticos, entre inmunizadores y fármacos. La tardía y todavía incompleta respuesta para enfocar enfermedades que quitan la vida o producen dolorosas enfermedades a millones de personas es sintomática de la informalidad o hasta desinterés con que organismos internacionales, gobiernos nacionales, farmacéuticas y hasta facultades de medicina enfrentan estas amenazas epidemiológicas. Ello se vuelve a demostrar con la emergencia por el zika en Colombia: el país pasó de registrar once casos en octubre pasado, a tener hoy 13.000 pacientes, entre ellos 640 madres gestantes, y a temer que el virus llegue a atacar a 600.000 personas, según alarma encendida por el Ministerio de Salud. Aunque desde julio del año pasado se lanzaron las primeras alertas por su posible ingreso al territorio nacional, proveniente de Brasil, las mujeres en edad fecunda no recibieron información y educación sobre las amenazas de ese virus si concebieran.


La reducción de las poblaciones de mosquitos transmisores de enfermedades infecciosas sólo se logran con una política integral de salud pública que tenga como pilar la protección, defensa y preservación de la vida humana. En la proliferación de mosquitos coinciden la pobreza, los entornos insanos y el descuido personal o familiar. Intervenciones en mejoramiento del entorno, nutrición y cuidado de las personas, atención a las personas vulnerables, y su asociación con medidas como la fumigación masiva, son alternativas con menores costos humanos, sociales, éticos y económicos, que las apresuradas, contradictorias y poco saludables opciones que se ofrecen cuando ya aparecen los enfermos y contagiados. 


En declaraciones posteriores al llamado de Alejandro Gaviria para que las parejas eviten concebir, su viceministro, Fernando Ruiz, le explicó a Radio Nacional que el aborto, posterior a la confirmación de enfermedad fetal, “es un derecho que tienen todas las mujeres”. La presentación de la alternativa fue recogida por la abogada Mónica Roa, litigante por el aborto, que llamó a divulgar la información alegando el derecho de las madres a conocer sus posibilidades de interrumpir embarazos angustiados y riesgosos, “porque obviamente el Zika afecta la salud”. Tras la promoción de la alternativa del aborto coexisten las ideologías del ahorro en la atención en salud y de la vida feliz como aquella ajustada a moldes preestablecidos donde se minimizan las dificultades y exigencias. Nace ahora un activismo que más bien nos parece una “limpieza social” de niños con apenas seis semanas de gestación y ninguna capacidad de defender su derecho a vivir. ¿Acaso a alguien se le ocurre justificar la terminación de la vida de una persona que por el mismo zika haya adquirido el Guillain-Barré?