Columnistas


Un patrimonio citadino
Autor: Abelardo Ospina López
23 de Enero de 2016


Con cerebral calor, presentan los autores de “Entre rieles y cables” al recordado y ahora reconstruido Tranvía de Ayacucho, cuando dicen: “La ruta por la que pasa el tranvía se convertirá en corredor urbano, cultural y turístico.

Con cerebral calor, presentan los autores de “Entre rieles y cables” al recordado y ahora reconstruido Tranvía de Ayacucho, cuando dicen: “La ruta por la que pasa el tranvía se convertirá en corredor urbano, cultural y turístico, al servicio de la comunidad”. Esta “maicera” obra, fue iniciativa del Metro apoyada por la Alcaldía de Medellín. Hoy ya son apreciables fachadas en las viviendas y locales comerciales, que también la recuperación de espacios y la siembra de jardines.


Ha dicho el exalcalde de la ciudad, Aníbal Gaviria C., con policroma razón que “esta nueva línea de transporte mejorará la calidad de vida y dará la posibilidad de recibir a miles de visitantes de todas partes del mundo”. Obvio que este modelo de movilidad, nos lleva a “compartir dentro de los vehículos tranviarios” y en todo su corredor, obra que nos hace sentir orgullosos y  modelos en transformación urbana”.


El paisano y escritor Manuel Mejía Vallejo memoriza que en 1973, “eran rojos  y amarillos tranvías grandotes, con ruido de rieles y campanas alegres. Desde los asientos uno iba viendo cada vez cosas distintas de la ciudad, que estaban hechas para llevarnos sin tapujos y volvernos a traer, gozo de las calles”.     


El centro de operaciones era la antigua plaza de Cisneros (en el viejo Guayaquil), el barrio más famoso del siglo XX en Medellín y el lugar de mayor dinamismo por entonces, gracias a la vecindad de la estación principal del Ferrocarril de Antioquia.


Juan David Ortiz, en la obra citada, anota: “La decisión de construir un tranvía se tomó luego de aplicar lo que los expertos denominan “una matriz multicriterio”. En ella consideraron las condiciones topográficas, el número potencial de usuarios, las condiciones de operación y funcionamiento, los requerimientos financieros y el impacto  socioambiental del nuevo sistema”.


“El Tranvía de Ayacucho trae múltiples beneficios: su diseño con grandes ventanales, permite viaje placentero y cómodo; se disminuye el tiempo de viaje, se reduce en más de 7.000 toneladas las emisiones de CO2, que evita la generación de otros contaminantes; la siembra de 1.400 árboles que embellecen el sector y generan más de 110.000 metros cuadrados  de espacios públicos y zonas verdes. De este modo, se mejora la calidad de vida de la comunidad. Pero además, el tranvía será nuevo eje para la movilidad y una intervención urbanística y social que ha de transformar el diario discurrir de los barrios beneficiados.


Anamaría Bedoya, refiriéndose a sitios para encuentros casuales , conjetura : “un bar de antaño, un parque con palomas y jugadores de ajedrez, una reliquia arqueológica, un mural en cerámica..., serán algunos de los tesoros que aguardan en el camino por el que conducirá el tranvía, una experiencia sensorial, cultural y educativa…No redunda recitar que la obra civil del Tranvía de Ayacucho, fue comenzada el 4 de marzo de 2013. El amor y cívico calor de nuestras gentes, sabrán disfrutar con caluroso afán, las atrayentes obras del ingenio paisa.