Columnistas


Gobernar o ser gobernado desde las Redes Sociales
Autor: Miguel Jaramillo Luján
20 de Enero de 2016


Es falso que hoy las redes sociales en sí mismas lleven a decisiones políticas; ninguna estrategia en medios masivos tiene ese poder, pues en Colombia cada vez el público prefiere y aprueba más al dirigente que sabe mirar a los ojos.

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Es falso que hoy las redes sociales en sí mismas lleven a decisiones políticas; ninguna estrategia en medios masivos tiene ese poder, pues en Colombia cada vez el público prefiere y aprueba más al dirigente que sabe mirar a los ojos, recuerda el nombre y aprieta la mano de quienes “caminan a pie”. Por personas así es que los ciudadanos se movilizan y pasan del trino al hecho. 


El reciente proceso electoral de Colombia y el inicio de los nuevos gobiernos regionales demostraron nuevamente el enorme poderío que tienen las redes sociales como medios de posicionamiento y masificación de imagen. Los dirigentes que supieron trabajar estos canales, comprender su lenguaje y no confiar en el poder sobrenatural que le dan algunos, capitalizaron conocimiento, cuando captaron que a los volúmenes de contenido digital y físico mediático, hay que sumarle calle, gastar suela, sudor y saliva para que la gente responda y respalde sus iniciativas. 


Una red social como Facebook, gestada por estudiantes universitarios para mirar la vida del otro, para generar una especie de Gran hermano virtual; se convierte en un espacio propicio para que el ciudadano siga las imágenes y palabras de un dirigente, su equipo de trabajo e incluso construya un imaginario que luego espera corroborar desde el contacto real. 


Por Twitter los dirigentes políticos y sus equipos pueden conseguir un seguimiento más instantáneo a la ruta, forma de pensar, acciones, decisiones y anuncios con códigos audiovisuales. Allí los ciudadanos consiguen un volumen más alto de información, respuesta, aunque algunos siguen obviando esta mínima cortesía y se nota a leguas que sus redes son manejadas por autómatas con un manual de instrucciones.  


Pero nuevamente hay que decirlo: Los ciudadanos no toman una decisión de respaldo a un dirigente o a su causa por un trino e incluso por una campaña o corriente de trinantes. Hay muchos ejemplos recientes, basta con dar una mirada a la corriente virtual generada por miles de usuarios de redes en Colombia ante la decisión del gobierno de subastar la compañía Isagén. Un manejo adecuado del proceso, los tiempos, negociación y trámite legal, le permitió al gobierno colombiano realizar poner este activo en una subasta a pesar el alto volumen de inconformes que se expresaron por los social media. 


Aparte de estas redes sociales, existen infinidad de otros social media y alternativas de comunicación que hoy son escenarios donde se convive para conocer una proyección de imagen; pero también la ciudadanía poco a poco comprende que - como pasa en los medios masivos- que estos portadores de imagen, proyectan una construcción, más no representan esa realidad que la “gente de a pie” quiere palpar, sentir, comprobar; máxime la desconfianza y desprestigio que cobija hoy con porcentajes superiores al 70% de déficit, la confianza y la credibilidad hacia la política y hacia los políticos. 


Las redes sociales no son el espacio directo de las sensibilidades, no es la estación donde sube la gasolina, no es la plaza donde la inflación hace que el ciudadano deba recortar su presupuesto para los alimentos, no es la calle donde se practican las extorsiones o donde zumban las balas de los violentos, ni la puerta que se cierra a las oportunidades para la gente del común. Los social media son escenarios de existencia ciudadana y de posible ejercicio de opinión, pero no son el lugar donde la movilización ciudadana produce transformaciones de las políticas públicas actuales.