Columnistas


Reforma tributaria para el desarrollo
Autor: Danny García Callejas
20 de Enero de 2016


América Latina y Colombia afrontarán múltiples retos en 2016, poniendo en riesgo los logros económicos alcanzados hasta ahora. Según el Banco Mundial, en 2015, la producción de bienes y servicios en la región decreció 0,7%.

danny.garcia@udea.edu.co


América Latina y Colombia afrontarán múltiples retos en 2016, poniendo en riesgo los logros económicos alcanzados hasta ahora. Según el Banco Mundial, en 2015, la producción de bienes y servicios en la región decreció 0,7%. La predicción para 2016 indica que el crecimiento será cercano al 0,1%, un valor que podríamos calificar de lamentable para las necesidades de financiamiento de los gobiernos y lucha contra la pobreza y la desigualdad en la región.


En el caso de Colombia, la proyección del Banco indica que tendrá un crecimiento cercano al 3,1% en 2016. Esta cifra es superior al 3% de 2015 y mejor de lo que ocurriría en Brasil, Ecuador y Venezuela que decrecerían  2,5%, 2% y 4,8%. A la par, este resultado sería satisfactorio al comparar con el mismo indicador para Suramérica que tendría un decrecimiento de 1,1% en 2016 y que tuvo una caída de 2,1% en su producto interno bruto en 2015.


En parte, las dificultades de las economías latinoamericanas están relacionadas con la especialización en la producción y exportación de bienes primarios. En la región, recursos naturales como el petróleo, el oro y los bienes agrícolas se convirtieron en los renglones más importantes de la economía. Y el problema radica en que son los únicos sectores, pues per se estos son productos necesarios para garantizar la independencia energética y alimentaria.


Sin embargo, la volatilidad en el precio de los bienes primarios y el hecho de que su demanda crece menos rápido que el ingreso de quienes nos los compran, hacen que nuestras economías sean frágiles. Sumado a esto, las disparidades de ingreso y riqueza en Latinoamérica hacen que nuestros mercados internos sean débiles y presenten pocas oportunidades para el rápido y eficiente crecimiento de nuevos bienes y servicios.


A la par, hemos desaprovechado las bonanzas. Colombia, algún uso hizo de los recursos obtenidos por la bonanza petrolera pero dejó de lado la oportunidad de tecnificar su industria, aumentar la productividad agrícola a mayor velocidad y permitir el resurgimiento del sector manufacturero. El país vive un auge comercial y de servicios parciales que resultan insostenibles pues nuestro apetito por bienes importados crece, con un endeudamiento también mayor.


Mientras en 1991 las importaciones representaban un 14% de la economía nacional, hoy supera el 21%, según datos del Banco Mundial. Datos del Ministerio de Hacienda y del Banco Mundial indican una tendencia crecimiento de la deuda nacional, aunque aún en un nivel sostenible. No obstante, el bajo crecimiento y las necesidades futuras de gasto de la sociedad colombiana en infraestructura, pensiones, salud y los planes del pos-acuerdo requieren de un aumento de ingresos.


Solo espero que la nueva reforma tributaria sea por fin estructural y tenga una duración de al menos un quinquenio. Espero la nueva propuestas promueva un sistema progresivo, simple, eficiente y que fortalezca a los departamentos en sus finanzas, privilegiando subsidios para las regiones más pobres en las que el agua potable, la electricidad y la salud son solo sueños. Por ahora solo queda esperar una reforma tributaria justa que fomente el desarrollo nacional y la equidad.


*Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia