Columnistas


La paz e Isagén
Autor: Jorge Mejía Martinez
20 de Enero de 2016


Así como se acordó que los sucesos exteriores a la mesa de la Habana no afectarían las negociaciones gobierno-Farc para asegurar la continuidad del proceso, ningún hecho en la vida nacional debe hacer trastabillar el esquivo anhelo de la paz.

jorgemejiama@gmail.com


Así como se acordó que los sucesos exteriores a la mesa de la Habana no afectarían las negociaciones gobierno-Farc para asegurar la continuidad del proceso, ningún hecho en la vida nacional debe hacer trastabillar el esquivo anhelo de la paz. La venta de Isagén confundió muchos corazones.


La privatización (enajenación) de bienes públicos es un recurso de los gobiernos mediante el cual se desprenden de funciones para acceder a nuevos recursos. Es una receta neoliberal típica. Empequeñecer el Estado y magnificar el mercado, es el propósito. Muchos de los que hoy son críticos de Santos por la subasta cuestionada, recurrieron en su momento a la misma fórmula, con éxito o sin éxito. 


Frente a las privatizaciones hay dos grandes posturas. Los que las asumen como un asunto de principios o una piedra ideológica de toque -hay que privatizar todo o nada hay que privatizar- y los que consideran que es más un asunto de oportunidad, conveniencia u ocasión. Me ubico entre estos últimos. Se cambió un activo público por otro: de energía a infraestructura. ¿Cuál es más importante o estratégico? Colombia no podrá salir de su precaria capacidad productiva y competitiva, si no moderniza sus carreteras, puertos y aeropuertos. Isagén va a seguir produciendo energía y las tarifas las seguirá regulando una comisión de expertos con base en una fórmula que puede estar mandada a recoger, pero que no depende de los nuevos dueños de Isagén. Lo que si tenemos que cuidar es que los 6 y pico de billones se destinen para lo prometido. 


Muchos apoyamos a Santos no porque fuera su compromiso de gobierno acabar con la inequidad o la desigualdad social. Nunca lo hizo. Valoramos su afán de conseguir la paz. Por ello le ganó al candidato del CD. Acabar con el largo conflicto armado colombiano es el principal reto de los colombianos, no hay otro anhelo más significativo. La paz es la deuda no saldada por la clase social y económica al frente de los destinos de Colombia durante muchas décadas. Parece que un sector importante de ella, se cansó de la guerra. En buena hora. Estamos filados. 


Desmontar el conflicto armado, nos va a permitir asumir otros retos también largamente postergados, sin la interferencia de la violencia, como atacar la pobreza y la exclusión. Las armas deben desaparecer del ejercicio de la política, y dar lugar a las ideas y los votos.


No podemos olvidar lo que ya es una consigna nacional: para lograr la paz, habrá que tragar muchos sapos.