Columnistas


¿Qué Centro queremos?
Autor: Álvaro González Uribe
16 de Enero de 2016


Desde hace cerca de 30 años -pueden ser más o ser menos- estamos hablando de recuperar el Centro de Medellín. Y desde hace esos años -pueden ser más o ser menos- todos los gobiernos municipales han intentado esa recuperación.

@alvarogonzalezu


Desde hace cerca de 30 años -pueden ser más o ser menos- estamos hablando de recuperar el Centro de Medellín. Y desde hace esos años -pueden ser más o ser menos- todos los gobiernos municipales han intentado esa recuperación. Hoy se sigue hablando de ella precisamente porque nuestro Centro sigue en franco deterioro.


Lo primero que debemos preguntarnos es si vale la pena recuperar el Centro de Medellín, si es necesario tener un Centro, o volver a tenerlo como lo teníamos antes.


Son preguntas que nacen, no solo de la moderna concepción de las ciudades y del tamaño y particularidades de la nueva Medellín, sino de esos esfuerzos infructuosos por “recuperar” nuestro Centro.


En primer lugar, analicemos qué tipo de Centro queremos tener. Si estamos pensando con nostalgia en volver a tener el Centro de las crispetas en el Parque de Bolívar, de las idas a cine, de sentarse en las bancas, de “juniniar” y de tantas actividades cuya índole cambió con las épocas.


Medellín es una ciudad que con el tiempo ha visto nacer varias centralidades, así no sean de la misma clase del centro de pueblo que muchos anhelan. La nostalgia no puede ser el motivo que lleve a la construcción o reconstrucción de espacios en las ciudades. Otra cosa son los centros, lugares, edificaciones o monumentos históricos que tienen el valor de recordar la historia por la importancia cultural, política y de identidad que ello conlleva, pero en el caso del Centro de Medellín eso no es así porque aquí no se puede hablar de un centro histórico como en Cartagena, Santa Marta o quizá Bogotá.


En Medellín debemos luchar por tener un barrio que simplemente se llama “Centro”, decente, limpio, seguro, bien dispuesto urbanísticamente, descongestionado y agradable. Es todo y quizá mucho, pero ese debe ser el objetivo. Algunos pretenden tener el Centro de hace 40 o más años: comprensible pero imposible.


En razón de su tamaño, como todas las ciudades que van creciendo Medellín se ha tenido que descentralizar en muchos sentidos. Es lógico que todos los servicios y actividades no pueden prestarse y estar en un solo barrio cuando una ciudad crece como Medellín. Sería un caos.


La primera “desmembración” del Centro de Medellín fue el traslado de la gobernación y la alcaldía; luego saldrían otras entidades y quizá salgan más y regresen otras o las mismas, según la dinámica de la ciudad, la voluntad de los gobernantes y las normas. Y fueron no solo trasladadas a un lugar diferente, sino repartidas. La misma alcaldía tiene los Cercas y otras dependencias descentralizadas para mayor agilidad y facilidad de los ciudadanos.


Entonces, ¿cuál Centro queremos y por dónde pasa su cambio? Queremos un barrio -ubicado más o menos en el centro de Medellín- donde podamos caminar tranquilos y encontrarnos sin que nos roben, donde los espacios no estén deteriorados, donde la circulación no sea congestionada y difícil, que no huela mal, en fin, queremos para el Centro muchas cosas de las que queremos para otros barrios de la ciudad cada uno con su propia particularidad.


Quizá hemos idealizado el Centro que queremos con recuerdos del pasado que ya es pasado, con cualidades de centros de otras ciudades y con nuestros deseos particulares.


Seguridad, movilidad fluida con preferencia casi exclusiva del peatón, espacios dignos y confluencia de ofertas: comercio, vivienda, cultura, educación, gastronomía, recreación y servicios. Ese es el Centro que queremos, que, entre otras cosas, no excluye que existan otros centros similares en la ciudad; sería lo ideal.


De todas maneras, aunque no se pueda catalogar de centro histórico, el Centro de Medellín sí tiene un encanto, un sabor irrepetible en cualquier otro barrio de la ciudad, en especial para quienes tenemos más de 50 años. El “bailao” no se lo quita nadie y es un valor único para aprovechar.


Aldaba: Estas notas pueden estar o no acordes con el POT, son simples ideas espontaneas sentidas por un ciudadano común.