Columnistas


Desarrollado y sostenible
Autor: Manuel Manrique Castro
13 de Enero de 2016


Empieza el año nuevo y con él los tres lustros en que la humanidad se comprometió a multiplicar sus esfuerzos para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, acordados por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Empieza el año nuevo y con él los tres lustros en que la humanidad se comprometió a  multiplicar sus esfuerzos para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, acordados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre del año pasado.


El antecedente de tal acuerdo está en las cumbres mundiales de los 90, empezando por aquella dedicada a la niñez, cuando la comunidad internacional encontró un nuevo sentido para la  ONU. Finalizada la  Guerra Fría, se abrió el espacio político para compromisos globales encaminados a promover el respeto a los derechos humanos, combatir la discriminación contra la mujer y hacer del desarrollo un propósito colectivo, impensable en los tiempos de confrontación entre las superpotencias.  


La Cumbre del Milenio 2000 fue la culminación de aquel periodo y a la vez el salto hacia propósitos aún más ambiciosos, aunque aún no alcanzados,  como la erradicación de la pobreza extrema. 


Al igual que  buena parte de los anteriores, los 17 objetivos y las 169 metas al 2030, concentran su atención en enfrentar los retos del desarrollo,  asegurar los derechos y mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes teniendo como cimiento, consistente o frágil según cada realidad nacional, la experiencia y aprendizajes de los últimos 15 años.


Las metas definidas no son de la ONU sino pactos de cada país consigo mismo y con la comunidad internacional.  Frecuentemente se pierde de vista este pequeño gran detalle y se minimiza el compromiso adquirido como si se tratara de una suerte de imposición externa.  


Ahora sabe cuánto camino le falta  y cuán difícil será su recorrido hacia los nuevos objetivos y metas destinadas a eliminar, ahora sí,  la pobreza extrema, asegurar vida sana para la población de todas las edades, ponerle fin a la desnutrición y sus consecuencias, garantizar educación de calidad incluyendo cuidado y atención para la primera infancia, sin cabida para el trabajo infantil.  Asimismo, avanzar hacia la igualdad de género, acabar la discriminación por motivos geográficos o étnicos, además de las que intentan mejorar la convivencia colectiva, resguardando el ambiente y propiciando economías inclusivas. Las conclusiones de la COP21 de París también están en ese marco de acción. 


No pocos escépticos opinan que estos acuerdos sirven escasamente; sin embargo, 25 años de experiencia muestran logros importantes: la pobreza mundial disminuye, la educación es ya una prioridad global; menos niños mueren por causas prevenibles  y el acceso al agua potable va en aumento, para mencionar unas pocas. 


El inicio de la jornada hacia el 2030 está marcado por las turbulencias económicas y políticas de este periodo –que no serán momentáneas- y el desafío está en reducir su incidencia sobre la agenda acordada en septiembre de 2015,  máxime si su foco está puesto en incentivar el desarrollo,  proteger a la población más vulnerable y resguardar el planeta. 


Los Objetivos de Desarrollo Sustentable, asumidos por Colombia como propios al suscribirlos en la Cumbre del año pasado, y obligatoriamente inmersos en los acuerdos de La Habana, multiplican considerablemente las posibilidades para niños y jóvenes, especialmente del campo y las zonas más remotas. De ponerse, efectivamente, en práctica, le cambiarán el rostro a este país próximo a iniciar una experiencia sin precedentes si los acuerdos de paz se firman.  


Estamos en tiempos difíciles y este año, en particular, será de los más severos.  Viene una etapa de dura prueba, en primer lugar para el Gobierno Nacional, de igual modo para las nuevas autoridades territoriales, partidos políticos y sociedad en su conjunto, que comparten, en diferentes proporciones, la tarea de combatir la pobreza, reducir las desigualdades y construir las bases de un país sostenible y próspero.