Columnistas


Desarrollo a escala humana (2)
Autor: José Hilario López A.
13 de Enero de 2016


En columnas anteriores hemos venido mostrando como los grandes avances tecnológicos, que surgieron a partir de la revolución industrial en el Siglo XVIII, han llevado a la humanidad a impactar su entorno natural.

En columnas anteriores hemos venido mostrando como los grandes avances tecnológicos, que surgieron a partir de la revolución industrial en el Siglo XVIII, han llevado a la humanidad a impactar su entorno natural de tal manera que ya es  consenso universal la aceptación que  nuestra biosfera está seriamente amenazada por el cambio climático, amén de los conflictos socio-políticos y religiosos, que han degenerado en el terrorismo que se extiende como un fantasma del miedo sobre nuestras vidas. 


Desde la década de los 70 con el Manifiesto de Roma, el mundo empezó a tomar conciencia de la urgente necesidad de actuar de manera coordinada para salvar el planeta de la catástrofe anunciada. A pesar del consenso en el diagnóstico y propósitos de los organismos multinacionales, el último de los cuales fue el reciente Acuerdo de Paris, los resultados son muy precarios.  


Es aquí cuando surge un nuevo pensamiento base de la cultura del desarrollo a escala humana y el Manifiesto del Club de Budapest, fundado por Ervin Laszlo en el 2004, titulado “La conciencia planetaria, tú puedes cambiar el mundo. Manual del ciudadano global para lograr un planeta sostenible y sin violencia”. A esto se suma la reciente Encíclica Laudato si del Pontífice Francisco, una verdadera guía de convivencia respetuosa entre los humanos y con nuestra Madre Naturaleza, no sólo para los católicos sino para todos hombres comprometidos con la vida en el planeta.


A continuación, apartes de Manifiesto del Club de Budapest, con su llamado a adoptar una nueva forma de pensamiento como condición necesaria para la actuación y la vida responsable, donde se destaca el cambio en nosotros mismos, esencial para la transformación social.


“Desarrollar (el nuevo pensamiento) significa fomentar la creatividad en todas las personas a lo largo de todo el mundo. En los seres humanos, la creatividad no es una dotación genética sino cultural. Cultura y sociedad cambian de forma rápida, pero los genes lo hacen lentamente. No es probable que más de la mitad del uno por ciento de la dotación genética humana se altere a lo largo de un siglo y, por lo tanto, la mayoría de nuestros genes datan de la Edad de Piedra; éstos pueden ayudarnos a sobrevivir en la naturaleza y en las selvas, pero no en la jungla de la civilización. El entorno ambiental, económico, social y tecnológico es nuestra propia creación y sólo la creatividad de nuestras mentes nos hará capaces del cambio requerido. La creatividad genuina no permanece paralizada cuando se enfrenta con problemas poco usuales o inesperados, sino que los afronta de forma abierta, sin prejuicios. Cultivar dicha creatividad es un requisito para encontrar nuestro camino hacia una sociedad globalmente interconectada, en la cual los individuos, las empresas, los estados y la familia completa de pueblos y naciones puedan vivir juntos de forma pacífica, cooperativa y que persiga el mutuo beneficio”.


Somos cada uno de nosotros, quienes no sólo debemos procurar entender la situación sino también hacer algo significativo para superarla, con una ética responsable que conduzca hacia la sostenibilidad ambiental y la paz mundial. Si vives y actúas de una forma que sea buena para los demás y para la Naturaleza, vivirás de una forma que es buena para ti. Los diez mandamientos del Manifiesto de Budapest, en apretado resumen con que termino estas reflexiones, constituyen un manual de una  ética responsable para la nueva cultura del desarrollo a escala humana. 


Vive de un modo que satisfagas tus necesidades sin mermar la oportunidad de los demás; respeta el derecho a la vida y el desarrollo de todas las personas, cualquiera sea su nacionalidad, condición o creencia; vive de forma que salvaguardes el derecho a la vida y ambiente sanos para todas los seres vivos; persigue la felicidad, la libertad y la realización personal, teniendo en consideración intereses similares del otro; haz todo lo que puedas para ayudar a los menos privilegiados a vivir lejos del hambre y demás penurias; únete a gente con ideas afines para preservar o restaurar la integridad del medioambiente; ayuda a los niños y a los jóvenes a descubrir formas sostenibles de pensar y actuar por sí mismos; exige a tu gobierno que actúe de forma pacífica y cooperativa con otras naciones y culturas; prefiere empresas que produzcan bienes y servicios que satisfagan tus necesidades y las de otras gentes sin dañar el medioambiente ni ensanchar las inequidades; prefiere los medios que te aseguren información fiable sobre acontecimientos y tendencias que afectan tu vida, y procura que tú y la gente que te rodea tomen decisiones informadas en aquellos asuntos que afectan nuestro futuro.