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Isagén, la clave inesperada del posconflicto
Autor: Santiago Ortega
13 de Enero de 2016


Al empeñarse en vender Isagén, el Gobierno podría estar perdiendo una importantísima herramienta para construir país en un escenario de posconflicto.

@sortegarango


Al empeñarse en vender Isagén, el Gobierno podría estar perdiendo una importantísima herramienta para construir país en un escenario de posconflicto.


Varios sectores del país están preocupados por la venta de Isagén. Muchos, como yo, piensan que venderla para construir las carreteras es un despropósito y equivale a vender la gallina de los huevos de oro. Pero más allá de las cuentas de plata, Isagén es una empresa estratégica porque hace cosas que una empresa normal no haría. 


El Río Amoyá nace el Cañón de las Hermosas, en el Tolima. Después de atravesar el páramo el río se descuelga hasta Chaparral, para finalmente entregarle sus aguas al Magdalena. Hace unos años, Isagén desarrolló allí el Proyecto Hidroeléctrico del Río Amoyá, una hidroeléctrica de 80 MW, suficiente para abastecer algo así como 60,000 hogares.


La central no tiene embalse, sino que simplemente desvía parte del caudal del río, lo lleva por unos túneles hasta unas turbinas y luego lo devuelve al cauce. Esto hace que el impacto ambiental sea muy pequeño, porque evita desplazar población o inundar terreno. Además, el proyecto reduce emisiones de CO2 del sistema eléctrico al desplazar energía que tendría que generarse con fuentes fósiles.


En Colombia hay muchos proyectos así, pero el caso de Amoyá es particularmente importante por la región donde se ubica. En el cañón de Las Hermosas fue donde se dio de baja a Alfonso Cano. Marquetalia, el lugar donde nacieron las Farc, queda en la misma región y toda la zona tuvo una fuerte influencia guerrillera. Amoyá, más que una central hidroeléctrica, es un proyecto de paz.


A pesar de ser un proyecto atractivo financieramente (Isagén cuida muchísimo sus inversiones) tomar la decisión de entrar a Las Hermosas no es fácil. Había riesgos sociales y una alta exposición al terrorismo. Sin embargo, Amoyá se convirtió en  la forma de llevar desarrollo sostenible y presencia del Estado a un lugar olvidado y cooptado por las armas. 


La bandera del actual gobierno es la paz. De llegar a una acuerdo, el país debe enfocarse en sus áreas rurales, para acabar con la desigualdad, la pobreza y la desesperanza que le dieron origen al conflicto. Proyectos como Amoyá, que tienen pocos impactos ambientales y que mejoran las condiciones sociales construyendo desarrollo con la comunidad, se deben replicar a lo largo de Colombia. Isagén sabe y tiene la capacidad técnica y financiera para desarrollarlos.


Hoy, Isagén es una empresa sólida y solvente, que se puede dar el lujo de mirar al largo plazo para priorizar sus inversiones. Gracias a esto, puede pensar proyectos como parques eólicos en la Guajira, y en las centrales geotérmicas cerca al Macizo Ruiz-Tolima y en la frontera con el Ecuador.


Desde la EIA estamos apoyando a Isagén con investigación en alta montaña, y por eso debemos desplazarnos al Parque de los Nevados con frecuencia. La riqueza ecológica de la zona es impresionante, pero cada que viajamos vemos problemas de bosques convertidos en potreros. Esto implica pérdida de la biodiversidad y afectación de las fuentes de agua. 


Una central geotérmica en el Macizo del Ruiz no solo le proveería al país energía limpia y confiable, sino que se podría convertir en una piedra angular para proteger los páramos y bosques de niebla presentes en la región. Los patrimonios ambientales también hacen parte de nuestra riqueza.


Si Isagén se vende, el gobierno dejará de tener presencia en su junta directiva y no podrá encauzar a la empresa en un rumbo que beneficie a la totalidad de la nación. Si alguien la compra, es apenas natural que quiera recuperar su inversión en el menor plazo posible, generando nuevas decisiones que pueden ir desde subir los precios de la energía, hasta invertir en proyectos muy rentables en términos financieros pero muy cuestionables desde la óptica social y ambiental. 


También es posible que llegue una empresa que comparta la misma visión de desarrollo que le servirá a todo el país. Como nación, eso es un riego que no vale la pena correr.


* Profesor Escuela de Ingeniería de Antioquia