Columnistas

Apunten, disparen, fuego
Autor: Rodrigo Pareja
12 de Enero de 2016


Si en las últimas horas no ha ocurrido un milagro y tampoco este se da en las próximas, Colombia está en vísperas de oír y presenciar una vez más la brutal y sanguinaria consigna gritada por los esbirros de tantas dictaduras en el pasado.

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Si en las últimas horas no ha ocurrido un milagro y tampoco este se da en las próximas, Colombia está en vísperas de oír y presenciar una vez más la brutal y sanguinaria consigna gritada por los esbirros de tantas dictaduras en el pasado: apunten… disparen…fuego…


La sargentía ordenadora e impasible no tendrá armas oxidadas al hombro, uniformes mugrosos y raídos y sus víctimas no serán esta vez ilusos revolucionarios que pretendieron modificar el mundo: cambiarán los actores y las circunstancias, pero la orden y sus devastadores efectos seguirán siendo iguales o peores: apunten… disparen… fuego…


El chusmaje estará encabezado por el propio presidente de la República, Juan Manuel Santos y su alcabalero ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría, y el papel de inermes víctimas lo desempeñarán la ejemplar y orgullosa empresa Isagén y los millones de colombianos que son dueños y beneficiarios de ella.


Un régimen que se proclama democrático pero cuyos gobernantes no conocen ni por el forro las obligaciones que como tal se les exigen, entregará cual moderno Judas por unas cuantas monedas, la soberanía y el porvenir de todos los ciudadanos en aras de satisfacer las pretensiones -acaso inconfesables- de un ávido ministro y de varios negociantes internacionales.


Que Isagén sea una de las entidades más sólidas, mejor manejadas, rentable y ejemplar entre el conglomerado de lo público en Colombia, tiene sin cuidado al presidente Santos, a su ministro Cárdenas y en general a todo el gobierno, y lo que es peor, a la clase política, cuyos más importantes dirigentes que pertenecen a los cuerpos colegiados -con honrosas y contadas excepciones– han guardado sospechoso y cómplice silencio frente al exabrupto que se va a cometer.


Conducta arribista y complaciente que no concuerda con la serie interminable de vanas promesas hechas en campaña, según las cuales su misión en caso de ser elegidos sería “la defensa de los más caros intereses de la nación y de los colombianos”, desgastado discurso que todavía se creen quienes se toman el trabajo de elegirlos.


Lo grave de todo el asunto es que Isagén, no solo representa la imagen y el resultado de cómo debe manejarse la cosa pública, sino que es garantía de suministro oportuno de energía y de cuidadoso manejo del medio ambiente, factores estos que de ahora en adelante quedarán en manos de negociantes foráneos a quienes poco o nada pueden llegar a interesarles.


Y lo peor de todo es que los seis o siete billones de pesos que el ávido ministro de Hacienda reciba por la entrega, que no venta, de Isagén junto con la soberanía y el interés común, irán a beneficiar a otros personajes que, como los del anterior párrafo, sólo tienen en la mira el beneficio propio, las utilidades y la manera de lucrarse con los dineros oficiales.


¿Quién puede entender que el presidente Santos y el ministro Cárdenas reciban la plata de Isagén para prestársela a bajo interés y largos plazos a aquellos otros negociantes que van a construir las llamadas vías de cuarta generación?


Si por algo se distingue Colombia en el concierto mundial es porque ninguna obra pública se termina en el plazo convenido y mucho menos en el precio fijado, y si a lo anterior se agrega que los constructores van a “trabajar con la plata del míster”, es aún mayor el desconcierto y la duda que rodea la desaforada carrera por vender a Isagén.


Es tanto como vender al inquilino la casa que se le tiene arrendada y paga cumplidamente, y volvérsela a tomar pero ya en condición de nuevo arrendatario, al precio que su capricho imponga.


Ojalá se imponga finalmente la valerosa actitud asumida entre otras por las senadoras Sofía Gaviria y Viviane Morales, y el partido liberal, si se consuma este esperpento, se retire de la Unidad Nacional, se ponga serio alguna vez y demuestre que todavía tiene dirigentes de talla y no sumisos y cómplices guardianes de la vagabundería.


 TWITERCITO: En todo negocio ganan el vendedor, el comprador y el comisionista que lo propuso o lo facilitó. A propósito, ¿a cuánto puede llegar una comisión en un negocio de seis billones y medio de pesos y quien la cobra?




Comentarios
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Martir
2016/01/12 01:51:00 pm
excelente articulo, felicitaciones por su franqueza.