Columnistas

Renovarse para renacer
Autor: Omaira Martínez Cardona
12 de Enero de 2016


La evolución de la humanidad así como el desarrollo integral de las personas es cíclico en una secuencia de etapas de las que se acumulan experiencias y aprendizajes que cada quien.

La evolución de la humanidad así como el desarrollo integral de las personas es cíclico en una secuencia de etapas de las que se acumulan experiencias y aprendizajes que cada quien, sea de manera individual o como miembro de una cultura, adapta como estilo de vida.


Independientemente de las creencias religiosas, la cultura o ideología a la que se pertenezca, se habla del destino como esa ruta de vida que nadie conoce, puede planear, predecir, cambiar o postergar pero que siempre se cumple,  porque ya está definida en un lugar abstracto que nadie sabe dónde queda. Por eso cuando nos acostumbraron a decir que las cosas pasan por algo, es así, pero no significa que hay que quedarse quieto o dormido esperando a que todo suceda, precisamente lo que da sentido a la existencia es que en esa ruta de vida, se vaya evolucionando para que cada etapa sea menos complicada de superar hasta llegar a la meta final que nadie sabe dónde está y cuándo llegará.


Para trascender de una etapa a otra hay que renovarse aprovechando todas las lecciones aprendidas de las experiencias vividas, los aciertos, los desaciertos y las situaciones que aunque no pueden cambiarse, sí tienen muchas opciones para enfrentarlas y solucionarlas. Las sociedades actuales a pesar de existir en la era de las innovaciones tecnológicas, cada vez parecen estar más anquilosadas y estáticas esperando a que las cosas ocurran o dejándose llevar cómodamente y sin ningún interés o motivación por generar transformaciones que propicien un mejor bienestar y un camino más despejado y placentero.


Para la gran mayoría la existencia y la calidad de vida se reducen a subsistir atendiendo unas necesidades básicas materiales que no dejan tiempo ni espacio para fortalecer el espíritu que finalmente es el que provee la energía necesaria para que la ruta trazada por el destino de cada quien se cumpla. 


Renovarse para resurgir y renacer implica conocer, entender y adaptarse a los cambios externos sin cambiar la esencia de lo que cada quien es, de lo que nos hace humanos, únicos y distintos a los demás seres vivos, superando los temores, armándose de autoconocimiento y arriesgándose a seguir la ruta junto al ineludible destino por los diversos caminos que ofrece, unos con más obstáculos que otros.


Existen en la memoria de la humanidad evidencias de sociedades y personas que han superado miedos e inseguridades, sorteando dificultades e incertidumbres, que se han arriesgado legando para sí mismos y los demás otras formas de conocer, de saber, de sentir y de hacer. 


La leyenda del Ave Fénix relata la historia de un ave capaz de renacer de sus propias cenizas porque ese era su destino a pesar de los muchos intentos por acabar con su existencia. Asimismo vale la pena reconocerse cada día, revisar la ruta, reinventar nuevos caminos, rebobinar los recuerdos de las etapas y las experiencias por las que ya se ha pasado para resurgir renovados como si cada día no sólo fuera un nuevo amanecer sino también un renacer de personas distintas y mejores, más evolucionadas, fuertes, sin temores y preparadas para llegar a la meta, a las que les interese no sólo su existencia sino también la de los demás.