Columnistas

“SAI: La fuerza de la razón”
Autor: Luis Fernando Múnera López
11 de Enero de 2016


La Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos es una institución muy valiosa que sirve a la comunidad y al gremio, en ese orden, desde hace más de cien años.

luisfernandomunera1@une.net.co


La Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos es una institución muy valiosa que sirve a la comunidad y al gremio, en ese orden, desde hace más de cien años.


Cumple funciones de gran importancia: La formación científica, técnica y social de los ingenieros y arquitectos (invito a mirar su excelente agenda académica para 2016); el cumplimiento de las normas legales que rigen la profesión, en particular las relacionadas con la calidad de las obras y con la conducta de los profesionales, y la satisfacción de las necesidades y bienestar de los afiliados.


La fuerza de la SAI reside, primero, en su carácter corporativo, pues la conforma un colectivo de profesionales que poseen conocimientos y experiencia en todos los campos de la ingeniería, y, segundo, en la independencia con que actúa, pues no la mueven intereses económicos o políticos, que sí existen legítimamente en otras entidades y empresas. La mueve sólo “la fuerza de la razón”.


Su objetivo más importante es velar por el rigor técnico y ético de las actuaciones de los ingenieros y los arquitectos. Si esta función se cumple bien, el beneficio para la comunidad es muy grande porque genera confianza. Confianza de la sociedad en esos profesionales, y de los usuarios en las obras que reciben.


La vigilancia sobre la ética de los ingenieros y arquitectos no es tarea fácil, pero no por ello puede eludirse. A la SAI, como gremio de la Ingeniería y la Arquitectura, le corresponde pronunciarse con claridad y oportunidad cuando se detecten conductas indebidas. 


Esos pronunciamientos no tienen el alcance de sanciones penales o civiles, competencia exclusiva de los jueces de la República, y tampoco disciplinarias, pues por Ley esta función le corresponde al Consejo Profesional Nacional de Ingeniería, Copnia,


Pero si la autoridad que le compete a la SAI no tiene estos dos alcances, tampoco significa que deba callar si algún ingeniero o arquitecto, afiliado de ella o no, incurre en actos incorrectos. En esos casos la entidad deberá pronunciarse con el carácter y alcance admonitorio sobre la conducta cuestionada. Admonitorio se define como aquello que amonesta, aconseja o exhorta. 


Extiendo una invitación cordial a los directivos de la SAI a revisar si la entidad está cumpliendo adecuadamente esta función. En particular, creo que se hace necesaria una manifestación más contundente sobre la tragedia del edificio Space y los otros doce edificios construidos por CDO que presentan problemas estructurales. A sus comunicados sobre el asunto les ha faltado fuerza y difusión frente a una comunidad que aún sigue adolorida por dichos acontecimientos. Más vale tarde que nunca...


La vigilancia de la SAI sobre el rigor técnico se materializa en las veedurías que asume y en los conceptos técnicos que emite sobre obras o proyectos específicos.  La SAI posee una tradición amplia y seria en estas materias. Sorprende que los gobiernos de Medellín y de Antioquia hayan ignorado sus observaciones y recomendaciones sobre obras tan delicadas como la doble calzada a Las Palmas, el túnel de Oriente, el puente de la calle 4 Sur y el primer tramo de Parques del Río. Las consecuencias saltan a la vista: La carretera mencionada tiene graves problemas de estabilidad. El túnel sufrió grandes retrasos por deficiencias en los estudios ambientales. El puente generó más costos económicos y ambientales que beneficios. Y Parques del Río está produciendo un daño irreversible en el corredor multimodal del río, en especial en el sistema de ferrocarriles nacionales.


Que la SAI haya incurrido en omisiones en ciertas ocasiones no es excusa ni mucho menos justificación para ignorarla como gremio rector. Si hubo fallas, deben reconocerse y corregirse. Tampoco puede descalificársele por los actos de determinadas personas. Nada de eso les hace perder autoridad técnica y moral a sus conceptos. 


Mi conclusión es que la SAI es una institución necesaria y seria, que debe cumplir su misión y sus objetivos de manera estricta y oportuna, y que la comunidad científica, técnica y administrativa debe respetarla y acatarla.