Columnistas

¿Quién alimenta la paloma?
11 de Enero de 2016


¿Cómo pedirles a los colombianos que acepten los convenios de La Habana si no les explican en qué consisten?

Diana Sofia Giraldo


¿Cómo pedirles a los colombianos que acepten los convenios de La  Habana si no les explican en qué consisten? 


Nadie está dispuesto a adquirir compromisos a ciegas, y mucho menos si se siente bombardeado por una propaganda que maquilla acuerdos impresentables. El ciudadano común y corriente sabe que si firma  


en blanco, al otro día comenzarán a cobrárselos a esta generación y no se sabe a cuántas más de las que están por venir. Además nadie contribuirá con gusto si sabe que los recursos irán a los bolsillos de los mismos causantes de los problemas que ahora serán  curados por un sanalotodo milagroso llamado “la paz”.


Nuestro pueblo, hastiado de violencia, tiene la mejor disposición de hacer sacrificios por la paz. Pero exige que le informen a qué lo están comprometiendo.


De lo contrario, a las dificultades propias de unas conversaciones, que sin saber a qué hora se convirtieron en negociaciones, se sumarán los malos entendidos, los enredos de interpretación y las amenazas de abandonar la mesa, como táctica de discusión, cuando sabemos que todos están atornillados a los asientos por las ventajas obtenidas por la guerrilla y los inmensos costos políticos de un retiro gubernamental. 


Hasta el momento, lo que se conoce es incompleto e impreciso y despierta inquietudes no resueltas. El que pregunte queda calificado como enemigo de la paz, mientras el Gobierno se pasea por el mundo con la palomita al hombro y la gente aplaude y los publicistas hablan del premio Nobel como el máximo logro de su campaña para lograr que quienes vendían camisetas para financiar la guerrilla colombiana, ahora figuren como “opinión internacional”. 


Solo los colombianos que sufrieron la violencia y disfrutarán la paz preguntan qué es,  a qué costo se consigue y si el proceso no es semillero de nuevos conflictos.


Ahora comienza a explicarse que “la paz” no generará una bonanza económica sino un postconflicto que tendrá muy altos costos. Desde luego, los pagaremos los colombianos. Así que vayamos preparándonos.


Pero la paz tiene que ser mucho más que un pago a quienes encañonan al pueblo, para que no aprieten el gatillo. Un pago por no disparar.


La comisión encargada de conseguirle más ingresos al Gobierno filtró dos propuestas: gravar con IVA  los computadores personales y los cuadernos  escolares. 


Como era previsible, a los pocos minutos de conocerse la propuesta, estalló la  indignación general. ¿No se había dicho, acaso, que la paz sería financiada con los ahorros en los gastos de defensa y el mayor rendimiento tributario de la paz?


Resulta que no es así, que la palomita tiene que comer y que no sabemos cuánto costará alimentarla.  Otro aspecto que debe precisarse para que se especifiquen cuáles son los compromisos, por cuánto y quién los paga. Todo se aclararía si quedara públicamente establecido qué come la paloma, quién la alimenta y quién paga. 


Por lo pronto, las Farc dijeron que no tienen dinero y los sorprendidos padres de familia amanecieron preguntando ¿y nosotros sí?