Editorial


Sancionar a Norcorea
8 de Enero de 2016


Reunido de urgencia en la mañana del miércoles, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió por unanimidad rechazar la última prueba nuclear de Corea del Norte y anunció nuevas medidas dirigidas a endurecer las sanciones.

Reunido de urgencia en la mañana del miércoles, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió por unanimidad rechazar la última prueba nuclear de Corea del Norte y anunció nuevas medidas dirigidas a endurecer las sanciones económicas y políticas vigentes según la Resolución 2094 de 2013, la más severa expedida hasta el momento por esa institución. El paso que vinculó a China, hasta ahora complaciente con la tiranía norcoreana, ha habilitado a los gobiernos de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, para definir otras acciones de vigilancia, propaganda y control económico a fin de apaciguar al régimen que los amenaza directamente. Con su determinación, extraña a las recurrentes dificultades para lograr acuerdos, la diplomacia internacional confirma el estatus de paria que merece el régimen de Kim Jong-un y recuerda el poder civilizador de la acción política sobre las prácticas de guerra.


Aunque es el menor de los hijos que tuvo en tres matrimonios, Kim Jong-il ungió a su benjamín como sucesor para dirigir la tiranía comunista, pero con régimen de sucesión filial, inaugurada por su abuelo, Kim-il Sung, en 1948. En ejercicio de la dirección del Partido de los Trabajadores, único del país, y de la Presidencia, el joven gobernante ha demostrado ser más leal al despotismo aprendido en el hogar paterno que a la ilustrada formación liberal que adquirió en Suiza, donde recibió educación privilegiada que siempre contrastó con la miseria y el atraso a que ha sido sometido su pueblo. En cuatro años largos de gobierno, el heredero ha profundizado la censura de prensa, las coacciones a las libertades y ha protagonizado purgas internas que han estremecido al mundo, entre ellas la ejecución de su tutor y tío Jong Song-thaek, que se ha dicho fue seguida por el asesinato de todos los miembros de su familia. Este hijo del tirano y de una bailarina que en 2004 falleció en París por cáncer de seno ha profundizado la amenaza sobre Corea del Sur y el pasado martes asustó al mundo al lanzar una bomba, que presentó como de Hidrógeno -la temida y poderosa Bomba H- pero los analistas consideraron mixta, y montar una fuerte estrategia propagandística, extraña para su hermético régimen, con la cual proclamó su “hazaña” ante el mundo.


La persecución política a sus opositores, la férrea mano que mata de hambre a su pueblo, las acciones amenazantes contra sus vecinos, en especial Corea del Sur y Japón, y sus cuantiosas inversiones, así como radicales esfuerzos, para continuar con la carrera nuclear que inició su padre, explican el tratamiento de paria internacional que recibe ese país de parte de los personeros del consenso mundial sobre la gobernabilidad, la convivencia entre naciones y el respeto a los acuerdos globales. Puesto a escoger entre sus razones de auxilio humanitario al pueblo norcoreano y la defensa de valores esenciales a la civilización humana, el Gobierno chino ha filado en dos oportunidades junto al Consejo de Seguridad, apoyando resoluciones que prohíben el comercio externo, transacciones financieras y negocios de diplomáticos norcoreanos en los países de residencia. Aunque son duras, diplomáticos internacionales, gobiernos y voceros de opinión reconocen en las sanciones económicas y políticas instrumentos legítimos de la humanidad para evitar confrontaciones armadas bilaterales y procurar que los sancionados admitan negociar su posición con los demás países, a la manera como lo hizo Irán.


Desde el mismo miércoles, Barack Obama, presidente de Estados Unidos, ha tomado la vocería de los países para anunciar apoyo a sus aliados en el Extremo Oriente y abanderarse de la petición por las sanciones, una actuación concordante con la que tuvieron sus predecesores frente a gobernantes que amenazaron los principios de convivencia mundial, respeto a la soberanía de las otras naciones y protección de los derechos de sus pueblos, pero que resulta incómoda, cuando no incoherente, para quien libra fuerte batalla ante su propio Congreso en búsqueda del levantamiento de las sanciones económicas a Cuba, que él ha considerado “inútiles” mientras la clase política estadounidense que las impuso las ha defendido como necesarias para contener el ímpetu expansionista, así como las agresivas violaciones a los derechos y libertades del pueblo cubano, prácticas antidemocráticas que signan el régimen filial de los hermanos Castro.