Columnistas


Del ser columnista
Autor: Iván Guzmán López
8 de Enero de 2016


Fausto, ese extraordinario cantautor antioqueño, dueño de éxitos musicales tan recordados, como: Soñando con el abuelo, Los abedules, Una noche más, Te invente, Canta más bien que llorar, Susana, a más de un largo etcétera.

ivanguzman790@gmail.com


Fausto, ese extraordinario cantautor antioqueño, dueño de éxitos musicales tan recordados, como: Soñando con el abuelo, Los abedules, Una noche más, Te invente, Canta más bien que llorar, Susana, a más de un largo etcétera, ha hecho de su trabajo profesional, sus bien seleccionadas lecturas y sus constantes viajes por el mundo, una escuela de formación humanística que ya se la quisiera para sí cualquier filósofo social. Así, su amistad generosa y su conversación suelta e inteligente, se constituye en un verdadero regalo para la formación y el alma. En una de nuestras deliciosas tertulias, hablando sobre el oficio de columnista, nos decía: "Hay periodistas que escriben columnas, y entre ellos, muchos se erigen como columnas; estos últimos son los verdaderamente comprometidos, valientes e imprescindibles, porque ellos son el espíritu del pueblo y se constituyen en su voz".  Este año, al retomar nuestra columna,  reafirmamos nuestro compromiso de opinar libremente, sin caer en zalemas y muchos menos en el odioso oficio de blanquear tumbas, oficio que en estos tiempos le ha costado miles de millones de pesos al erario público de muchas ciudades y departamentos colombianos. Creo, hemos cumplido dignamente durante todos estos años, desde las páginas de opinión de este diario, y otros del nivel regional y nacional. El oficio no es fácil y la responsabilidad es mucha. El pasado año, para ejemplificar el aserto, recibimos comentarios virulentos, por no decir amenazantes, ante columnas que citaban malos manejos en Cajas de compensación familiar del orden local y nacional, al igual que del comportamiento de algunas EPS, denominadas por algunos guasones, no sin cierta razón, "empresas peores que el seguro".  Gajes del oficio, digo yo: "Nada peor que esos columnistas que tratan de satisfacer a todos los "lados" y no pisar ningún callo”, como argumenta la dirección de La silla vacía.


Hace algunos años, en una ponencia de la columnista María Isabel Rueda, denominada: “Los 7 pecados capitales del columnista”, argumentaba que: “El ejercicio del columnista es la única posibilidad real de libertad de prensa que nos está quedando. Casi todo lo demás puede ser manipulado, o por lo menos condicionado por el respaldo económico que requiere, en el mundo moderno, ejercer la actividad periodística”. Retomamos, pues, esta columna, porque creemos, con María Isabel Rueda, que, no obstante la mordaza, la censura, la autocensura y la presión económica y política que pesa sobre muchos medios, el ejercicio del columnista es un ejercicio de libertad de prensa, insoslayable en una democracia, más si esa democracia está inscrita plenamente en un Estado de derecho, como el nuestro. Gracias a los lectores que han mostrado reiterada simpatía por  las opiniones de este columnista,  y espero, como dice mi amigo Javier Piedrahita Gaviria, nuestro Fausto, ser columna, siempre en la lucha por construir una sociedad más pensante, libre, deliberativa y justa. 


Puntada final: tenemos a un “sindicalista” de ministro del Trabajo, que al parecer es incapaz de llegar a acuerdos con los trabajadores, en la perspectiva de un salario necesario y justo. Lo que alcanzó a lograr el sindicalista, para nuestros trabajadores, como negociador del gobierno, fue un salario de 690 mil pesos. Por los lados de La Habana, en cambio, una vez que se firme “la paz”, los guerrilleros rasos empezarán a devengar un millón ochocientos mil pesos. ¿Asuntos de paz?