Columnistas


Desarrollo a escala humana
Autor: José Hilario López A.
6 de Enero de 2016


Salvar el planeta amenazado por el cambio climático exige repensar el concepto de desarrollo sostenible, para lo cual el texto del filósofo chileno Max Neef y su propuesta “desarrollo a escala humana” es una buena guía.

Salvar el planeta amenazado por el cambio climático exige repensar el concepto de desarrollo sostenible, para lo cual el texto del filósofo chileno Max Neef y su propuesta “desarrollo a escala humana” es una buena guía.  Esta propuesta tiene como protagonista básico a las personas, base de la cual parten tres pilares: La satisfacción de las necesidades humanas; la generación de niveles crecientes de auto dependencia, que se refiere a la autonomía en las economías locales y regionales y la articulación orgánica entre seres humanos, naturaleza y tecnología.


Expliquemos esto mediante los siguientes cinco postulados fundamentales requeridos para aceptar que como humanos  compartimos la misma casa grande, el planeta Tierra del que somos parte integral con los demás seres vivos,  al que  debemos conservar y proteger como mandato biológico. La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía; el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos; crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento; ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas; la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera y, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible.


Para determinar cuándo un proceso de desarrollo es mejor que otro, Neef se aparta radicalmente del criterio neoliberal que privilegia el sistema donde se crece más, pero que oculta indicadores como los costos ambientales, la explotación de la mano de obra y la injusta distribución de la riqueza. Contrario a este criterio, el mejor proceso de desarrollo es el que mejora la calidad de vida de las personas, que depende de las posibilidades que tengamos de satisfacer adecuadamente nuestras necesidades humanas fundamentales.


Se suele creer que estas necesidades son infinitas que cambian con la época y cada cultura y, aún más, con cada persona.  Aquí caemos en un error conceptual cuando confundimos necesidades humanas con satisfactores de esas necesidades. Alimentación, salud, vivienda y abrigo no son necesidades, son apenas satisfactores de la necesidad subsistencia. Así las cosas, nuestras necesidades son pocas, clasificables e invariables: Lo que cambia con las culturas, sociedades y personas no son las necesidades, sino los satisfactores, que en parte son apenas pseudosatisfactores como la sobreexplotación de los recursos naturales que aparenta satisfacer la necesidad de subsistencia y las modas para reafirmar nuestra necesidad de identidad.


Ahora bien nuestras necesidades pueden clasificarse bajo dos criterios. El primer criterio  es de naturaleza ontológica o existencial: estar, hacer, ser y tener; el segundo criterio es  axiológico o de valores y se refiere a  subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad.


No existe una correspondencia biunívoca entre necesidades y satisfactores. Un satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de diversas necesidades, tal como la educación que atiende la necesidad de entendimiento y estimula las de protección, participación, creación, libertad e identidad; a la inversa, una necesidad puede requerir de diversos satisfactores para ser satisfecha. 


Las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia a través del tiempo y con las culturas es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.Cada sistema económico, social y político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema éstas se satisfacen (o no) a través de la generación (o no generación) de diferentes tipos de satisfactores. Uno de los aspectos que define una cultura es suelección de satisfactores.


Las necesidades humanas fundamentales de un individuo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas del que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la cantidad y calidad de los satisfactores elegidos, y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos.


Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. El cambio cultural al que estamos llamados es consecuencia-entre otras cosas-de abandonar satisfactores tradicionales que impone la sociedad consumista para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes, que forman parte de una nueva cultura, el desarrollo a escala humana, tema éste que nos proponemos seguir desarrollando en próximas columnas.