Columnistas


Sobre el futuro
Autor: José Maria Bravo
2 de Enero de 2016


Nunca antes había preocupado tanto a la humanidad el tema del futuro como ahora, más, si se trata de formular pautas racionales de acción; porque se debe mirar el futuro para determinarlo, hasta donde sea posible.

Nunca antes había preocupado tanto a la humanidad el tema del futuro como ahora, más, si se trata de formular pautas racionales de acción; porque se debe mirar el futuro para determinarlo, hasta donde sea posible, y actuar sobre él bajo diferentes formas de acción.


Pero es necesario tener claridad sobre el significado del futuro, qué se puede determinar de él, cómo se debe actuar mediante un raciocinio previo a la acción.


Se puede sintetizar cuatro futuros de los sistemas actuales, sobre los cuales hay que tomar posiciones muy claras de acción:


Un futuro constante, que es la tierra misma;


Un futuro declinante, que somos nosotros y muchas de nuestras obras;


Un futuro continuo: nuestros descendientes y quienes reciben nuestro influjo;


Un futuro creativo, pequeño mañana, pero muy amplio posteriormente.


Analizando esas cuatro manifestaciones del futuro, se debe mirar siempre el pasado como continuación del mismo. Esto es inevitable, por lo tanto, no se puede eliminar de los análisis las herencias biológicas, sociales, económicas y culturales.


En este proceso, es necesario comprender ahora lo que antes no se entendía, ya que no hay momentos iguales a otros.


Desde muchos ángulos se describen futuros posibles; si no se quiere entregar el futuro al azar, a un destino a menudo cruel, no podemos limitarnos a crear y actuar; por el contrario, hay que volver a filosofar, a ocuparse de los problemas últimos, tratar los inmediatos con visión prospectiva, para que se beneficien los descendientes.


Hay que entender que la humanidad vive épocas insistentemente llamadas de transición, término utilizado para determinar lo que no podemos explicar, que realmente no se analiza o determina, está situada entre un progreso ciego y uno visionario. 


Un estudio serio y profundo de los futuros posibles, tal vez acerque el día en que se elijan futuros anhelados, que configuren el destino óptimo en lugar de sufrirlo, de tenerlo que padecer.


Entiéndase bien que prospectar el futuro en ningún momento significa planificar; prospectar es definir el futuro cuyas alternativas frente a procesos dados se intenta aprehender.


El objetivo último tiene que ser el de elevar la calidad de vida de la población, mediante la utilización eficiente de sus recursos, y  la búsqueda de los mecanismos y acciones, para lograr disminuir las desigualdades existentes de toda clase.


El pasado nos interroga sobre la necesidad de conocer y aplicar adecuadamente el concepto de prospectiva, diferenciado de la proyectiva.