Columnistas


A todos los lectores les deseo paz, prosperidad y felicidad en el 2016
Autor: Carlos M Montoya
2 de Enero de 2016


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Al momento de escribir esta columna ya se conocía un número importante de secretarios de despacho designados por el entrante alcalde de Medellín y no se conocía aún, ninguno de los miembros del gabinete del entrante gobernador Luis Pérez. Pero de fondo, la reflexión que quiero hacer hoy, no es sobre los nombres de uno u otro equipo de gobierno, a los cuales les deseo de antemano, los mejores aciertos en beneficio de esta sociedad. Quiero escribir unas líneas sobre la responsabilidad y el reto que asumen quienes aceptan estar en estos cargos.


Siempre me estremezco cuando en algún lugar de concurrencia pública, en el metro, o en alguna reunión social, las personas con toda la seguridad y convicción afirman que los empleados públicos son todos unos ladrones y unos perezosos, que trabajar en lo público es muy fácil, que se la ganan “de ojo” y que además ganan mucho. Tampoco pretendo volverme aquí un defensor de aquellos que en lo público, al igual que en muchísimas empresas privadas abusan de su cargo y buscan además de ganarse su salario, “entradas extras”, de cuenta de cumplir las obligaciones para las cuales fueron contratados. Bandidos y pícaros los que lo hacen en lo público y en lo privado. Pero de igual manera me atrevo a decir que ni en ningún sector, ni en el otro son la mayoría, por el contrario, son la inmensa minoría que con sus acciones mancillan el ejercicio de muchos.


Me pregunto ¿cuántos son los profesionales bien formados, en su mayoría con varias especializaciones, maestrías y doctorados y muchas experiencia y muchos expertos en ciertas áreas, que teniendo la oportunidad de laborar sin comprometer sus fines de semana, con ingresos acorde a su formación y sin tener que rendirle cuentas al mismo tiempo a la Procuraduría, la Contraloría, Superintendencias, veedurías ciudadanas, juntas directivas, asambleas y/o concejos, deciden aceptar el reto de echarse al hombro las necesidades y las esperanzas de más de dos millones de habitantes de Medellín y más de seis millones de Antioquia.


No puedo aceptar el argumento “por algo lo harán”, como quien dice, algo sacarán. ¡Pues No! Muchos crecieron en hogares donde los formaron para ello, para el servicio público, así como en casa de empresarios o de médicos, los hijos también lo son. Qué de malo tiene que en una casa de políticos o de funcionarios públicos, los hijos elijan el mismo destino; otros encuentran durante su período de formación la vocación del servicio público y deciden orientarse hacia ese sector; y muchos otros, teniendo su trayectoria laboral en otros sectores, toman la decisión de prestar temporalmente, ese servicio a la sociedad desde lo público.


Sea cual fuere la razón por la cual deciden aceptar hacer parte de un gabinete, es necesario reconocerles el valor de someterse y someter a los suyos, al constante e implacable escarnio público. Desde el momento es que deciden aceptar, están sometidos a que todos se sientan con el derecho de meterse en sus vidas, de opinar sobre sus decisiones, de tratarlos y en muchísimos casos de maltratarlos como a bien tengan, incluso con el derecho de exigir lo que muchos no merecen.


Quisiera que cada vez más profesionales del sector privado tuvieran la valentía de aceptar un cargo en lo público y que luego salieran a contar verdaderamente cómo es este ejercicio, para que la sociedad entera comprendiera que lo público no es fácil.