Columnistas

Navidad y democracias
Autor: David Roll
24 de Diciembre de 2015


Por alguna casualidad de la historia todos los países de Europa y de América hoy celebran la Navidad y son regímenes democráticos.

Por alguna casualidad de la historia todos los países de Europa y de América hoy celebran la Navidad y son regímenes democráticos. No se trata de afirmar ni de negar que el cristianismo sea la religión verdadera o la democracia el mejor sistema político. Pero la coincidencia es real. ¿Y cómo se llegó a esto? Cuando Jesús nació en Nazareth, hace aproximadamente dos mil quince años, el mundo estaba dominado desde ese Oriente Próximo hasta el extremo occidental de Europa por el Imperio Romano. Pocos años después San Pablo, ciudadano romano y judío a la vez, llevó la doctrina cristiana a Roma, la cual se volvió oficial tres siglos más tarde por decisión del emperador Constantino, influenciado por su madre, Santa Helena. Parte de esa Europa romana, la España actual, que Publio Cornelio Escipión le había quitado a los cartagineses quinientos años antes, durante varios siglos había estado repartida entre reinos católicos y musulmanes, pero para 1492 se convirtió en un reino único y católico. Ese mismo año comenzó la difusión de la doctrina católica por todo el continente americano de dominación española recién “descubierto”. Aunque eso fue a sangre y fuego, hay que decirlo. También el norte de América fue colonizado 120 años después por familias profundamente cristianas aunque no católicas. Unos cincuenta años más tarde, entre 1650 y 1680, los ingleses, que habían creado la rama anglicana independiente del cristianismo protestante (surgido en 1517), se rebelaron contra su rey y crearon un sistema político con división de poderes, aunque mantuvieron la figura del Rey, fundando con ello la primera democracia en estricto sentido, inspirada en parte en un experimento corto de poder popular que había existido en Grecia varios siglos antes de Cristo. Un siglo después, en 1776, la colonia inglesa de Norteamérica se independizó de los ingleses y fundó una democracia, pero esta ya sin reyes e invocando al pueblo (“We the people”…). Pocos años más tarde, en 1789, los franceses decidieron vivir sin reyes y fundar un sistema democrático, que sin embargo tardó varias décadas en consolidarse. En ese contexto y con el pretexto de la invasión de Napoleón a España, las colonias españolas en todo el continente americano se independizaron, e influenciadas por todas esas ideas inglesas, estadounidenses y francesas, optaron por crear regímenes democráticos en lugar de hacer reinos independientes. Tras muchas guerras civiles, infinidad de dictaduras y difíciles procesos políticos, hoy, 200 años después todas esas excolonias, menos Cuba, se convirtieron en democracias, con dificultades, pero funcionales, estables y con proyección de durabilidad y mejoramiento. En esos mismos dos siglos Europa vivió la caída de los imperios, la difusión de las ideas democráticas, la derrota del fascismo, la autodestrucción de los sistemas comunistas, y finalmente la consolidación de una Unión Europea de 28 países y 500 millones de personas, la mayoría viviendo en la prosperidad, pero todos ellos regidos por sistemas democráticos. Mientras que esa Europa democrática es a la vez de cultura cristiana (católica, protestante, anglicana), pero realmente agnóstica en buena medida, la mayor parte de los habitantes del continente americano se declaran creyentes (católicos del Río Grande hacia abajo y protestantes de diversas ramas de ahí hasta Alaska), y una enorme cantidad de ellos son además auténticos practicantes convencidos, y seguidores por lo menos de los ritos básicos de sus iglesias. Por supuesto hay que decir que la más grande democracia del mundo, la India, no celebra tan masivamente la Navidad esta noche, y que los judíos de Israel construyeron una democracia en una zona del mundo en la que este sistema es excepcional. Hay que agregar, además, que los musulmanes turcos e indonesios han demostrado la compatibilidad de su religión con la democracia de partidos y que otros países de esa religión están en ese proceso. Pero finalmente, es una casualidad interesante el hecho de que los habitantes de toda Europa y toda América vivan en países democráticos y estén celebrando hoy la Navidad, aunque en realidad son tantos los acontecimientos que se han dado para la difusión en estas tierras tanto de esa práctica política como de aquella creencia religiosa, que resulta difícil establecer claramente las razones de la coincidencia, salvo la pertenencia de ambas a la cultura occidental. Sin embargo el hecho es indudable y puede comprobarse con una breve búsqueda en Internet o consultando el almanaque mundial o las viejas enciclopedias de papel que algunos conservamos como tesoros. Vistas estas cifras, aunque seguramente habrá voces que sigan diciendo en esos mismos países que la democracia debe ser reemplazada por otros regímenes más eficientes o legítimos, y otras, a veces las mismas, que las religiones cristianas están en decadencia o deben ser abandonadas por conveniencia, son tan pocas esas voces escépticas, en medio de tan contundentes datos, que es como intentar ser escuchado al gritar una consigna en medio de un concierto de villancicos.


*Profesor Titular Universidad Nacional