Columnistas


Lecciones de las ciudades españolas
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
24 de Diciembre de 2015


En general, las capitales del viejo continente y Barcelona en particular, ejercen un alto grado de fascinación sobre los habitantes del resto del planeta.

En general, las capitales del viejo continente y Barcelona en particular, ejercen un alto grado de fascinación sobre los habitantes del resto del planeta. Los gobernantes no escapan a este deslumbramiento, porque son ciudades que tienen un nombre y un espacio en el corazón y en la mente de millones de personas. Este reconocimiento se traduce no solo en turismo sino en otro tipo de ingresos por eventos e intercambios culturales.


No solo por su historia y por su cultura, por su urbanismo y por su apoyo a la innovación, sino también por los resultados de la gestión pública, la ciudad de Barcelona ejerce sobre muchas capitales hispanoamericanas una especie de  tutoría que se ve reflejada en proyectos de intercambio institucional y de cooperación para el desarrollo. De otra parte, algunas entidades privadas promueven eventos de reconocimiento con premios y menciones que de alguna manera impulsan el desarrollo cultural de las capitales latinoamericanas. Tales son los casos de la denominación de capital cultural de Iberoamérica, que se rota anualmente, la red de ciudades con patrimonio cultural de la Unesco o las redes de ciudades olímpicas, ciudades verdes y ciudades digitales. 


Además de Barcelona, otras ciudades españolas se constituyen en ejemplos  de gestión pública y de paradigmas en la solución de algunas problemáticas contemporáneas como el medio ambiente o la movilidad. Desde hace muchos años, Bilbao es reconocida internacionalmente por su manejo ambiental, Málaga por las avances en movilidad y Rivas Vaciamadrid por el despliegue tecnológico.


Las reiteradas visitas de gobernantes y funcionarios a las ciudades españolas, además de su preocupación por el urbanismo, debe trascender hacia otros frentes en los cuales tienen experiencias exitosas dignas de compartir.


Una primera lección es que las soluciones de movilidad están inventadas y que no se necesita cemento sino innovación. Por ejemplo, en las ciudades españolas grandes y medianas, el transporte público es esencial. Circulan buses articulados que no necesitan vías especiales ni carriles de concreto para movilizarse, lo cual genera ahorros en cemento que se pueden trasladar a otros temas de interés social y permite un uso ordenado de las vías públicas. Por eso, lo que aquí se gasta en cemento para los carriles de Metroplus bien se podría dedicar a programas de educación ciudadana e inteligencia vial, que llaman.


Así mismo, es evidente el respeto de estas ciudades hacia los ecosistemas y es fácil comprobar que no hay que destruir árboles para hacer vías de cemento.


Además, las capitales españolas cuentan con programas de respeto a la diversidad y a la inclusión, todas se preocupan por la atención médica en instituciones públicas, pese a los recortes en sanidad y educación ordenados por el gobierno central. Allí son claras y públicas las políticas de protección para las mujeres contra la violencia machista y hay acciones de solidaridad que involucran a la comunidad cuando se presentan actos violentos contra las mujeres.


Operan programas de reciclaje que son respetados por todos los habitantes. En contenedores instalados en las vías públicas se depositan por aparte: residuos orgánicos, residuos urbanos, papel/plástico y vidrio, con recolección diaria por parte de los vehículos de las empresas de aseo.


La ciudad de Málaga, en el sur andaluz, le apuesta a un manejo eficiente de la red eléctrica, para ordenar el consumo y almacenar la energía que no se use con el fin de dirigirla al alumbrado público, cuyo control reporta significativos ahorros de dinero. Asimismo, gestiona la movilidad desde el centro de control del tráfico, regulando tiempos de espera en los semáforos y agilizando la circulación en función de la demanda de cada momento. También tiene parqueaderos públicos con sensores para determinar plazas libres, para que haya menos consumo de gasolina y menos contaminación, así como mejor utilización del tiempo por parte de los ciudadanos.


Rivas Vaciamadrid, ciudad de 80 mil habitantes a diez kilómetros de Madrid, en el centro de la península, cambió su infraestructura por redes de fibra óptica para hacer más eficientes sus servicios, como por ejemplo, en el control policial o en el manejo del tránsito de vehículos y regulación de semáforos; cuenta, además, con una extensa red wi-fi, que permite mantener la ciudad interconectada a toda hora.  Existe el control domótico de los edificios públicos (seguridad y control de agua, energía y gas) y regulación de la intensidad del alumbrado público.


Barcelona, por su parte, es el referente mundial de las ciudades inteligentes y de innovación, buscando ser autosuficiente en energías renovables, promueve un modelo de construcción de ciudades autosuficientes conectadas y de cero emisiones. Sus programas van desde tránsito, Barcelona wi-fi, información vía dispositivos móviles, la recogida de residuos urbanos, galerías de servicios, laboratorio de carros eléctricos, vehículos compartidos, etc. La clave está en la integración de servicios de energía, tráfico, salud, ocio y TIC.


Todos estos programas refuerzan el protagonismo de los ciudadanos y les ayudan a tener una mejor calidad de vida.