Columnistas


Cultura “slow”
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
23 de Diciembre de 2015


La vida cotidiana es más complicada, la competencia entre los pares hace que el ser humano esté sometido al correr de los minutos, aunque la tecnología ha facilitado la forma de hacer las cosas, también ha complicado el desarrollo de las mismas.

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La vida cotidiana es más complicada, la competencia entre los pares hace que el ser humano esté sometido al correr de los minutos, aunque la tecnología ha facilitado la forma de hacer las cosas, también ha complicado el desarrollo de las mismas. De allí, que se esté desarrollando en el mundo una cultura antagónica a la del todo para ya (fast) y es la cultura lenta (slow).


El movimiento slow, nace en Italia en 1986, cuando un grupo de personas realizaron una protesta en la Plaza España contra la apertura de un restaurante de la cadena internacional McDonald’s. La protesta se dio en contra de la comida rápida; el principio del movimiento de la comida lenta se centra en la necesidad de mantener la tradición e identidad gastronómica local, la buena comida y el placer de disfrutarla con el tiempo necesario para ello, además del relacionamiento entre los comensales.


Luego surgen las ciudades lentas (Cittaslow), poblados de menos de 50.000 habitantes, en los cuales la cotidianidad pareciese que estuviese en cámara lenta en relación con el agite de las grandes urbes, una mejor calidad de vida y la interacción de la comunidad en la plaza del pueblo.


La cultura slow, adicionalmente pretende por la sustentabilidad y sostenibilidad del territorio, sin dejar de lado los avances tecnológicos, sino aprendiendo a convivir con ellos de otra manera.


Existe dentro del movimiento slow, la Sociedad por la Desaceleración del Tiempo, cuyos integrantes tienen la misión de enseñarle a los pares a mermarle el ritmo a la vida, disfrutarla, en todos los aspectos de la cotidianidad, desde el trabajo hasta las relaciones interpersonales; buscando así que la gente pueda encontrar el equilibrio con base en vida sana, ambiente sano y construcción fuertes de relaciones interpersonales.


La filosofía slow dice: “El movimiento Slow no pretende abatir los cimientos de lo construido hasta la fecha. Su intención es iluminar la posibilidad de llevar una vida más plena y desacelerada, haciendo que cada individuo pueda controlar y adueñarse de su propio periplo vital. La clave reside en un juicio acertado de la marcha adecuada para cada momento de la carrera diaria. Se debe poder correr cuando las circunstancias apremian y soportar el temido estrés que en demasiadas ocasiones nos embarga; pero a la vez saber detenerse y disfrutar de un presente prolongado que en demasiados casos queda sepultado por las obligaciones del futuro más inmediato...”


Muchas actividades de nuestros ancestros se los devoró la cultura fast, como por ejemplo “la tomada del algo parviado” o ir a “juniniar” en la tarde, o el “tintico” conversado. 


La velocidad de la vida no tiene reversa, pero si se le puede poner freno por la salud mental y corporal, tanto individual como de la colectividad, con el fin de poder recuperar los niveles de tolerancia y no por la tensión vivida diariamente, se descargue en el más débil.


Esta época sí que es ideal para empezar a vivir la cultura slow y hacerlo como propósito para el año venidero.


A mis amables lectores les deseo una Navidad llena de gracia.