Columnistas


Somos animales
Autor: Alejandro Álvarez Vanegas
19 de Diciembre de 2015


Hace poco se aprobó en el Senado la Ley 172, una excelente noticia para aquellos que nos preocupamos por el bienestar de otras especies diferentes al hombre y no sólo por el de éste.

Hace poco se aprobó en el Senado la Ley 172, una excelente noticia para aquellos que nos preocupamos por el bienestar de otras especies diferentes al hombre y no sólo por el de éste. Con la nueva ley se aumentan las multas para aquellas personas que maltraten a los animales y se abre la posibilidad de que, quienes lo hagan, paguen hasta 36 meses de cárcel. Es sorprendente que necesitemos expedir una ley para evitar que un perro sea apuñalado o que quemen vivo a un gato… pero, si necesitamos leyes para evitar que los seres más pensantes y conscientes de este planeta (eso decimos) nos hagamos daños y hasta nos matemos, ¿no es necesario también que existan leyes para proteger otras formas de vida? Yo considero que sí y por eso espero con ansias la sanción presidencial que ratifique esta ley. Y es que a pesar de que, en mi opinión, le falta fuerza para impedir que muchos animales sean maltratados en galleras, corridas o novilladas, creo que el paso que se da es fundamental por una razón en particular: se deja de ver a los animales como “cosas” y se reconocen como seres sintientes y sujetos de derecho. Parece increíble, repito, que necesitemos una ley para darnos cuenta de que los animales sienten. La famosa posición de Descartes en que habla de que los animales son simplemente “máquinas animadas” que no sienten dolor es, por decir lo menos, absurda, y de semejante absurdo no lo excusa que por lo demás haya sido un gran pensador ni que haya vivido por allá en el Siglo XVII. Ya que hay tanta gente que parece vivir creyendo en este absurdo, bienvenida sea la Ley 172.


Que los animales sean reconocidos como seres sujetos de derecho me parece de gran trascendencia porque veo en este hecho uno de los tantos pasos necesarios para replantear el carácter antropocéntrico de nuestra sociedad. Al pensar en la forma en la que nos hemos desarrollado, o en la manera en la que ha progresado nuestra civilización, es difícil ignorar que ha habido una fuerte tendencia hacia el antropocentrismo. Nos autoproclamamos dueños absolutos de todo y ni siquiera consideramos dudar que el entorno y aquello que lo componen están ahí únicamente para servirnos. Sabemos que no somos el centro del universo en sentido espacial, pero seguimos convencidos de que somos el centro de todo.Paradójicamente ese pensamiento, según el cual todo está estructurado para girar a nuestro alrededor y permitirnos alcanzar el bienestar, es el mismo pensamiento que ha acompañado las acciones que tanto han aporreado el medio ambiente natural y que ahora ponen ese bienestar en jaque. 


Alguien podría decir que estoy mezclando peras con manzanas. Que una cosa es sancionar el maltrato animal y otra muy distinta proteger los fundamentos naturales que nos permiten desarrollarnos y satisfacer nuestras necesidades. No discuto que cada tema tiene sus particularidades, pero estoy profundamente convencido de que uno de los asuntos de fondo más relevantes a la hora de trabajar por un desarrollo sostenible, es la forma en la que nos entendemos como especie dentro de la naturaleza y nos relacionamos con las diferentes especies con las que compartimos el planeta.Al recibir el premio nobel de paz, Albert Schweitzer dijo en su discurso que “el hombre se ha convertido en un superhombre… pero el superhombre con su poder sobrehumano no ha alcanzado el nivel de la razón sobrehumana”.Yo creo que la lucha contra el maltrato animal es una forma de acercarnos a la razón sobrehumana. También a Schweitzer se le atribuye esta frase: “un hombre sólo será ético cuando la vida, como tal, sea sagrada para él, tanto en las plantas y los animales como la de los humanos”. Yo estoy convencido de que un desarrollo sin reconocimiento de la importancia de la vida (¡no sólo de la humana!) nunca podrá ser sostenible.