Editorial


Balance de aniversario
19 de Diciembre de 2015


Durante el 鷏timo a駉, centenares de turistas estadounidenses se han paseado por las calles de La Habana y las playas de Varadero disfrutando del que fuera para韘o prohibido para ellos, y desde el jueves muchos otros cuentan las horas.

Durante el último año, centenares de turistas estadounidenses se han paseado por las calles de La Habana y las playas de Varadero disfrutando del que fuera paraíso prohibido para ellos, y desde el jueves muchos otros cuentan las horas para que tenga efecto la autorización de reinicio de vuelos comerciales entre los dos países. Esas presencias, y las banderas que recuerdan la reapertura de las embajadas, hace poco más de cinco meses, confirman la persistencia de Barack Obama en buscar un cambio en las relaciones de la Unión Americana con la tiranía que regenta a Cuba, y siguen demostrando que este es un camino tan difícil e incierto como el adoptado por los gobiernos que escogieron la ruptura de relaciones, su suspensión de la OEA y el embargo económico, como instrumentos de control a un régimen agresor de su pueblo y bastión de la pretendida expansión comunista a América Latina. 


No obstante sus visos románticos y la aclamación de políticos y analistas que confían en que el proceso rinda frutos de libertad, democracia, convivencia y prosperidad para Cuba y concordia para ambos pueblos, estos son los únicos signos de un nuevo clima en las relaciones de los dos países. Las restricciones a las libertades, el embargo, la pobreza y la migración ilegal de los isleños, persisten como sombras sobre la buena voluntad del presidente Obama y el firme empeño del Partido Demócrata por un cambio y la esperanza.


En Cuba hubo pronunciamientos por el aniversario. No los hizo el Gobierno de Raúl Castro, estuvieron a cargo de dos de los voceros más famosos de la disidencia cubana: el activista Antonio Rodiles, fundador del proyecto Estado de Sats como espacio para la discusión de las realidades cubanas, y la famosa bloguera Yoani Sánchez. Esperanzados en que su visibilidad internacional sea escudo contra las agresiones del régimen, denunciaron que la reapertura de las puertas estadounidenses y el diálogo de las partes ha servido para que el Gobierno cubano aumente los arrestos, la persecución y las amenazas a sus críticos, así como para que los líderes y países que otrora exigieron protección y respeto para esas voces discrepantes hayan silenciado su voz y hayan optado por hacerse de la vista gorda ante graves agresiones, como su denuncia ocurrió durante la visita del papa Francisco. Como respuesta a las críticas, el presidente Obama ratificó que sólo visitaría la isla si recibe la garantía de poder reunirse con los distintos líderes de las organizaciones que durante sesenta largos años han resistido los embates de un gobierno que desprecia los derechos humanos.


En Washington, el presidente Obama y algunos líderes del Congreso tomaron el aniversario de la proclama de que se rompía el hielo como ocasión para insistir en sus posturas frente al embargo. Reiterando su cuestionable tesis de que “es una política fallida” y su llamado a la normalización de las relaciones económicas, el presidente estadounidense reiteró el llamado al Congreso para que defina el levantamiento del embargo comercial, la más fuerte medida de distanciamiento que aún sigue vigente. Contra su tesis se ha expresado la mayoría republicana, que a través de líderes como el senador Jeff Flake (Arizona) ha notificado que tal medida no será tomada durante el actual Gobierno, al que le quedan trece meses, porque “es un plazo muy corto y hay demasiadas cosas que deben conseguirse en Cuba para permitir que eso ocurra”. Con esta postura, la mayoría de las cámaras demuestra que no está dispuesta a dejarse amenazar o presionar por Raúl Castro ni comparte la tesis de que ha llegado la hora de recortar presiones y exigencias a los tiranos del Caribe.


Mientras los grandes temas diplomáticos siguen siendo sombra sobre los posibles avances en la solución de los conflictos entre ambos países, los organismos humanitarios y observadores han aumentado sus alertas por el crecimiento de los fenómenos de empobrecimiento progresivo de los cubanos, a consecuencia de las equivocadas políticas económicas de sus líderes, y de aumento de ciudadanos que escapan de la isla para buscar un camino hacia la libertad y el bienestar, por lo que están dispuestos a correr los riesgos de ser explotados por los tratantes de personas que se enseñorearon del Tapón del Darién o de sufrir confinamiento en los campos de refugiados cubanos que crecen en Centroamérica y son barrera para su aspiración de tocar suelo estadounidense.