Editorial


Trabajo decente y desarrollo integral
16 de Diciembre de 2015


La vigésima quinta entrega del Informe de Desarrollo Humano, así como del Índice de Desarrollo Humano, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, ratifica la importancia de ese instrumento, útil para evaluar las acciones públicas.

La vigésima quinta entrega del Informe de Desarrollo Humano, así como del Índice de Desarrollo Humano, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, ratifica la importancia de ese instrumento, útil para evaluar las acciones públicas dirigidas a procurar el desarrollo humano integral, inicialmente, y generar condiciones de equidad social. En su versión 2015, el Informe asume, y transforma, la tesis de la OIT sobre la importancia del trabajo decente en el desarrollo humano, además del progreso económico de la sociedad en su conjunto. 


El informe desarrolla el concepto del trabajo decente e incorpora nuevas categorías, como la diferenciación entre trabajo, empleo y empleo decente; así como da otros valores a ocupaciones de gran impacto en las sociedades, como el voluntariado, al que se dedican 970 millones de personas; el trabajo de cuidado, que realizan 53 millones de personas, y el emprendimiento, que ocupa a otros 450 millones de individuos. Además, clama por soluciones a los trabajos informales, que llama “trabajos vulnerables” y que afectan la vida de 1.500 millones de personas, entre ellas los 168 millones de niños y niñas que sufren la imposición del trabajo infantil, los 21 millones de personas sometidas a trabajo forzoso, y las víctimas de trata de personas, señalado como tercer negocio ilegal, después del tráfico de armas y de drogas. Merecen especial atención las alertas sobre desigualdad de género y las diferencias que existen entre personas con formación pos-secundaria y competencias tecnológicas, que acceden a empleos más dignos, y quienes no tienen esas oportunidades.


Desde su creación, hemos seguido con interés el IDH y los análisis que se desarrollan a partir de sus transformaciones, así como reconocido su aporte a la formación, divulgación y seguimiento a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, y su impacto en el bienestar de la población. Estos instrumentos han impulsado que entre 1990 y 2015 se registren transformaciones como que “el número de personas en situación de pobreza extrema en todo el mundo se redujo de 1.900 a 836 millones. La tasa de mortalidad infantil disminuyó más de la mitad, y la tasa de mortalidad de niños y niñas menores de 5 años cayó de 12,7 a 6 millones”, entre algunos de los más destacados registros de logros en los distintos indicadores de bienestar personal, salud, acceso a bienes públicos y disfrute de derechos que forman este Índice. Así como hoy es hora de evaluar los cambios en la situación general, es la de revisar el impacto que ha tenido la prelación dada al coeficiente Gini como indicador de equidad que ha guiado las políticas públicas. Aún faltan análisis que permitan comprender si las transformaciones en desarrollo humano integral obedecen a la decisión de apoyar a quienes más lo necesitan para que superen la pobreza extrema o responden al énfasis en ese coeficiente centrado en los ingresos. También faltan estudios que relacionen el coeficiente Gini con el aumento de la carga tributaria, responsabilidad del contribuyente y la eficiencia del gasto público, entendida como transparencia y responsabilidad de quienes manejan cuantiosos recursos, como los del cargo de confiabilidad, pagado en Colombia como seguro que le permitía al sector eléctrico prepararse para el Fenómeno del Niño, dinero derrochado sin control por algunas compañías que siguen sin tener que responder por sus actos.


En forma consistente, los organismos internacionales guías del desarrollo mundial se están ocupando de reconocer y dar justo valor a políticas que se orientan hacia la formación de sistemas de oportunidades y acceso a los derechos, orientados a apoyar a los ciudadanos en el desarrollo de sus capacidades personales y en el disfrute de la autonomía. Tales iniciativas aspiran a dar sostenibilidad al desarrollo humano y evitar acciones paternalistas innecesarias que pondrían en riesgo el acceso al bienestar. En ese orden de ideas, el binomio educación de calidad y trabajo decente se perfila como la fuente de las oportunidades a construir para que todos sus miembros disfruten de vida digna. El reconocimiento a la importancia del esfuerzo continuado que durante 25 años ha hecho el Pnud para afinar el IDH y generar convicciones universales sobre su validez e importancia es fundamento de un llamado a las distintas naciones para persistir en la construcción de condiciones que garanticen los derechos de sus ciudadanos, consoliden ambientes de desarrollo y permitan crear condiciones sólidas de bienestar.