Columnistas


La paz, las víctimas y la responsabilidad
Autor: Hernán Mira
16 de Diciembre de 2015


“Hay que reorientar el pensamiento y la acción para que la barbarie no se repita” Theodor Adorno
La violencia desbordada, la guerra interminable, la degradación del conflicto con secuestros y muerte, la polarización política en las que hemos vivido.


mira@une.net.co


“Hay que reorientar el pensamiento y la acción para que la barbarie no se repita” Theodor Adorno


La violencia desbordada, la guerra interminable, la degradación del conflicto con secuestros y muerte, la polarización política en las que hemos vivido, nos han vuelto más insensibles y han hecho que no entendamos lo tan grave que nos ha ocurrido en clave de humanidad, sino principalmente en clave política entendida la mayoría de las veces como maquiavélica en la que el fin justifica los medios. El conflicto armado nos ha hundido más en la deshumanización de la política que ha sido muy característica en Colombia.


El progreso, que hemos sido obsesivos en buscar por el camino de la violencia, implica “pisotear unas florecillas en el camino”, como decía Hegel. Y Marx agregaba que eran insignificantes porque eran el costo de dicho progreso. Esas “florecillas” en unos casos son los de otra raza, otra religión, otra creencia o ideología, y en otros, el medio ambiente, los recursos naturales, dice el filósofo Manuel Reyes Mate, quien nos visitó recientemente.  


Frente a esta lógica del progreso de la que hace parte una apología de la violencia, tenemos una obligación  de trabajar para detener esa desbordada violencia y llegar a un autentico progreso humano. Esta sí que es la hora de apelar a la ética que va ligada indisolublemente a la responsabilidad. Somos responsables de los actos y de las consecuencias que se desencadenan, y también de las acciones que no hicimos pero heredamos las consecuencias; esa es la responsabilidad histórica que tanto hemos dejado de lado. 


Tenemos que repensar la verdad, la política, la ética y la estética teniendo en cuenta el sufrimiento de las víctimas, como lo plantea la victimología. La historia se ha construido sobre víctimas y no se les ha dado mayor importancia porque nos parece normal, son el precio del progreso. La memoria moral dice que no podemos seguir construyendo la historia con esa lógica. Nada justifica un progreso lleno de víctimas. Hay que pensar en la dignidad común de todos los seres humanos, como aquella que fundamenta la ética y que es una clara respuesta a la inhumanidad.


Las víctimas son una voz para oír. Primo Levy, citado por Reyes Mate, decía que los supervivientes de los campos de concentración eran voces secundarias, porque los que más habían sufrido ya habían muerto. Lo cierto es que con las víctimas hay una deuda histórica que siempre se debe pensar y asumir en clave de humanidad. 


Estamos ahora en la época de Navidad tan ligada a la paz, la reconciliación y la reflexión. Un muy buen momento para repensar y elaborar este llamado del jesuita Francisco De Roux, que tanto ha trabajado por la paz entre nosotros: “Tengo la convicción de que nuestro deber moral prioritario es trabajar por la reconciliación y la paz de este pueblo extraordinario”.


CODA. Este es, además, el tiempo de la esperanza. Decía el siempre actual Jorge Luis Borges, en un corto texto escrito cuando Argentina recuperó la democracia después de la dictadura militar, el horroroso tiempo de “desaparecidos, los crímenes y las atrocidades”  el que fue “fue un periodo diabólico y hay que tratar de que pertenezca al pasado”. Y ante la elección de Raúl Alfonsín, Borges expresa “Me sentí muy bien entonces porque habíamos salido de una pesadilla y la confianza de todos era lo que podía salvarnos. Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza”. Ese también es nuestro deber aquí y ahora.


Feliz Navidad y feliz año para lectores y amigos. Esta columna reaparecerá a finales de enero.