Columnistas


Celia, Manolita, Democracias y Dictaduras
Autor: David Roll
10 de Diciembre de 2015


La ausencia de democracias de partidos es una maldición para la sociedad civil, eso no debe olvidarse. Y vale tanto respecto de las dictaduras de izquierda como las de derecha.

La ausencia de democracias de partidos es una maldición para la sociedad civil, eso no debe olvidarse. Y vale tanto respecto de las dictaduras de izquierda como las de derecha.


Hace poco muchos vieron como Cuba en los cincuenta pasó de una cruenta dictadura de derecha a una muy cruel de izquierda, a través de la serie sobre Celia Cruz de un canal colombiano. Muchos se asombraron de los fusilamientos, vejaciones y expropiaciones, por la idea heroica que hay de ese país ante el embargo. Pero es un asombro absurdo y quiere decir que no se conoce la historia de las dictaduras, que se les ignora, como a la historia en general, salvo que simpaticen algunos con unas específicas u odien otras por motivos especiales. Todas son malas, o por lo menos todas las que duran y más si duran décadas. Igual pasó con la dictadura de derecha de Franco, se le lavó la cara porque Estados Unidos necesitó una alianza con ellos en la Guerra Fría, pero fue terrible ese periodo de posguerra civil entre 1936 y 1950.  En el libro Las tres bodas de Manolita, de Almudena Grandes puede verse un escenario similar al que se observa en los capítulos de Celia de hace unas semanas, pues un grupo vencedor se venga de los derrotados y se aprovecha de los indefensos. Con datos comprobados la autora demuestra que en España  las hijas de las presas políticas, aún las no violentas eran sometidas a trabajos forzados en colegios católicos, siendo menores, entre otros muchos excesos.


Pero España es ahora una democracia, y todo quedó en el mal recuerdo de esos terribles tiempos. Esperemos que en Cuba suceda igual. Que bueno sería que luego de firmada la paz colombiana, se usara toda esa atmósfera de diálogo para pactar la transición a la democracia con el actual régimen, de modo que con el retiro de Raúl Castro en 2017, ya anunciado, se convoquen elecciones. No hacen falta retaliaciones como no se hicieron en España, solo una transición, la última transición a las democracias que aún le falta a Latinoamérica y al mundo occidental en general. Los Castro pueden pasar a la historia como los protagonistas de esa transición, en lugar de que se haga con alguna más dificultad cuando no estén ellos. Franco no fue capaz de hacerlo, quizá Fidel Castro sí.