Columnistas

El carbón, la alternativa energética (2)
Autor: José Hilario López A.
9 de Diciembre de 2015


En pasada columna concluimos que el Ministerio de Minas y Energía debería, cuanto antes, rectificar el error en que ha incurrido al asignar la mayor parte de la responsabilidad de la generación térmica que requiere el sector eléctrico colombiano

En pasada columna concluimos que el Ministerio de Minas y Energía debería, cuanto antes, rectificar el error en que ha incurrido al asignar la mayor parte de la responsabilidad de la generación térmica que requiere el sector eléctrico colombiano a las plantas que operan con gas natural. Esto en razón de la insuficiencia de las reservas y de la oferta de este hidrocarburo para atender la demanda de energía térmica en épocas de sequía, como la que se acerca con la inminente la llegada del Fenómeno de El Niño.


Para corregir esta anomalía, el país dispone de cuantiosas reservas de carbón  y de la infraestructura minera requerida para instalar un sólido parque de generación carboeléctrica, con menos impactos ambientales y a un costo mucho menor que el que pagaremos con gas importado.


Miremos ahora las modernas tecnologías para la gasificación del carbón, apto para generación eléctrica y uso como combustible directo para la industria que opera con gas natural. Para producir el gas de carbón se introduce el mineral en una caldera a alta temperatura en un medio deficiente de oxígeno, pero con altas concentraciones de vapor de agua y de CO2. La reacción del carbón con el CO2 genera CO que puede quemarse como tal o “desplazarse” para producir, con la ayuda del vapor de agua, metano e hidrógeno. El metano y el hidrógeno son los energéticos base del gas de carbón.


Para la captura y almacenamiento del CO2 excedente del proceso existe ya en el mercado la tecnología apropiada para plantas gasificadoras de mediana  potencia, y se espera que en el futuro se implante de manera extensiva.


Adicionalmente, la industria ha desarrollado la gasificación subterránea del carbón, mediante la inyección de oxígeno a presión y agua pulverizada a una cámara construida dentro del propio manto de carbón. De esta forma, las reacciones químicas que se originan producen un gas rico en monóxido de carbono, hidrógeno y metano. Este gas, previa desulfuración, puede utilizarse para generar energía eléctrica o como combustible directo.


La gasificación subterránea ofrece, según los expertos, una de las prácticas más limpias y versátiles para convertir el carbón en electricidad, hidrógeno y productos carboquímicos. Los beneficios medioambientales y económicos de esta tecnología son, entre otros: Generalizar el uso del hidrógeno, el combustible limpio por excelencia; aprovechar la energía contenida en el carbón, sin necesidad de extraerlo mediante cuestionados procesos mineros; capturar de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero; emisiones bajas de gases contaminantes derivados de la combustión del carbón, como hidróxidos de azufre o de nitrógeno.


La generación eléctrica con gas de carbón es hasta un 50% más eficiente que la  convencional con combustión directa del mineral, y los expertos consideran que en los próximos años se podría llegar hasta el 80%.


Para concluir, resumo aspectos sobre la industrialización de los carbones con base en un estudio de prefactibilidad de la Facultad Nacional de Minas del año 2008 para una planta de gasificación  de los carbones de la cuenca del Sinifaná en el suroeste antioqueño.


La demanda carbón para la referida planta sería de 150.000 toneladas por año con capacidad de producción de 2.500.000 MBTU/año (millones de unidades térmicas británicas por año) de gas de carbón. La inversión requerida para instalar y operar esta planta con el proceso desarrollado por Shell, el de mayor eficiencia y menor costo disponible en el mercado, sería de 125 millones de dólares. El valor presente neto de la inversión sería de 48,8 millones de dólares y la tasa interna de retorno de la inversión sería del 36%. El precio del gas de carbón sería de 5,16 US$ por mcf (dólares por millar de pies cúbicos), mientras que el gas natural que comercializa EPM en el Valle de Aburrá más que duplica este valor. 


Con un grupo de dirigentes y amigos del suroeste antioqueño nos proponemos promover este ambicioso proyecto de industrialización de nuestro recurso carbonífero, base de un desarrollo industrial en la subregión y en el sur del valle de Aburrá. Para este propósito, esperamos contar con el apoyo del recién electo gobernador del Departamento de Antioquia, ingeniero Luis Pérez, y de los nuevos alcaldes de la cuenca del Sinifaná, así como de la unidad de planeación minero energética nacional-UPME.