Editorial

Luz verde al cambio
8 de Diciembre de 2015


La victoria, contundente por dem醩, de la alianza opositora venezolana, agrupada en la Mesa de Unidad Democr醫ica (MUD), tras las elecciones legislativas del domingo, ha puesto al vecino pa韘 en el camino para salir del oscuro t鷑el.

La victoria, contundente por demás, de la alianza opositora venezolana, agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), tras las elecciones legislativas del domingo, ha puesto al vecino país en el camino para salir del oscuro túnel en el que lo internó el presidente Nicolás Maduro. Nos alegramos por este triunfo como si fuera propio, no sólo por las implicaciones políticas que tendrá a partir del próximo 5 de enero, cuando se posesionen los nuevos diputados, sino porque finalmente los comicios se dieron en un ambiente de calma, a pesar de la cantidad de amenazas y arengas con las que el oficialismo enrareció los días previos a la cita con las urnas.


Que los partidos de oposición hayan alcanzado 112 escaños en la unicameral Asamblea Nacional, según el último dato aportado por ellos mismos al cierre de esta columna, es una muestra del cansancio que el pueblo venezolano tiene ya con el modelo chavista, cuyos resultados palpables son la inflación desbordada, la devaluación extrema, el desabastecimiento, la especulación en los precios, la desindustrialización y la inseguridad campante, agravados todos con la llegada a la presidencia de Nicolás Maduro, como heredero del coronel Hugo Chávez, y quien recurrió a toda clase de maniobras para obstaculizar el proselitismo a los partidos de oposición, como el abuso de los espacios en los medios de comunicación por parte del partido de Gobierno, la inhabilitación de varios de los líderes más visibles de la MUD, la declaratoria del estado de excepción en la zona de frontera con Colombia, la elaboración de un engañoso tarjetón y las acusaciones temerarias, como ocurrió con el asesinado líder opositor Luis Manuel Díaz, a quien el Gobierno señaló de pertenecer a una banda criminal. 


Partiendo de los 99 escaños reconocidos oficialmente por el Consejo Nacional Electoral en la madrugada de ayer -con 22 por asignar- o los 112 que asegura la MUD que alcanzaron -con todas las actas escrutadas-, se trata de una mayoría que ni el chavismo en sus mejores días había alcanzado por sus propios méritos. En las elecciones de 2000, el movimiento oficial Quinta República alcanzó 92 escaños, que le dio la mayoría simple, pero una oposición dividida facilitó las cosas al coronel-presidente Hugo Chávez. En 2006, la oposición se retiró de la contienda alegando fraude y falta de garantías, dejando el camino despejado al oficialismo. Y en 2011, bajo la sombrilla de la MUD, los partidos de oposición sumaron 63 diputados contra 99 del oficialismo, bancada que dejó de lado sus funciones y se dedicó a aprobar, cuantas veces le fueron solicitadas, las leyes habilitantes que le han permitido, en su momento a Chávez y ahora a Maduro, gobernar vía decreto y cambiar las leyes a su antojo. 


De ahí que el principal reto de los nuevos diputados es devolverle sus funciones naturales a la Asamblea Nacional, restablecer su independencia como rama legislativa del poder público, recuperar la confianza de su pueblo -que la ve como un apéndice del poder ejecutivo- y de la comunidad internacional -que la percibe como la menos transparente de la región, según el Índice Latinoamericano de Transparencia Legislativa- y convertirse en el contrapeso del poder político venezolano.


Aunque en el fondo nos quedan temores frente a las  acciones que pueda tomar el Gobierno de Nicolás Maduro, queremos creer en sus palabras de aceptación de la derrota; que la presión y la observación atenta de la comunidad internacional sobre Venezuela, rindió sus frutos, y que en realidad habrá un viraje en la disposición del Gobierno para seguir defendiendo su revolución bolivariana en un contexto democrático, que implica un diálogo abierto y sincero de su parte con el nuevo parlamento. Frente a los asambleístas elegidos, la responsabilidad que les ha caído es enorme, pues una cosa es estar desde las trincheras de la oposición criticando y argumentando en contra del poder establecido, y otra muy distinta tener la opción de actuar y cambiar esa cuestionada realidad. Lo que sigue no puede ser una cuenta de cobro, sino devolverle al país un debate democrático con altura, en el que se privilegien las políticas que propicien la recuperación de la calidad de vida del golpeado Bravo Pueblo. 


Una de las primeras pruebas para la oposición, más allá de una Ley de Amnistía para sus dirigentes injustamente encarcelados, o la convocatoria a un referendo consultivo nacional para la revocatoria del presidente, será la elección de la totalidad del nuevo poder electoral, conformado por cinco rectores y sus suplentes, así como renovar parte del Tribunal Supremo de Justicia, ambos abiertamente favorables al chavismo hasta ahora. Con la mayoría simple que ya tiene más que garantizada la MUD, podrán proponer y elegir a los nuevos dignatarios, lo que demostrará su talante como los nuevos dueños de las mayorías legislativas. Seguimos muy atentos, y ojalá así también la comunidad internacional, a las reacciones del presidente Maduro, para verificar que las andanadas verbales en campaña eran solamente una estrategia persuasiva que finalmente no va a cumplir.