Columnistas


Una novela bien oportuna
Autor: José Alvear Sanin
2 de Diciembre de 2015


He tenido el privilegio de leer el penúltimo borrador de “Sobrevivir con las ideas”, notable novela de Alfonso Monsalve Solórzano, de próxima aparición.
Toda buena novela requiere un enorme esfuerzo estilístico, que se logra puliendo.


He tenido el privilegio de leer el penúltimo borrador de “Sobrevivir con las ideas”, notable novela de Alfonso Monsalve Solórzano, de próxima aparición. 


Toda buena novela requiere  un enorme esfuerzo estilístico, que se logra puliendo, corrigiendo y repuliendo. Basta considerar a la abnegada Sofía Tolstoya copiando a mano cinco veces “La guerra y la paz”, o al pobre Proust garrapateando, tachando e interpolando durante toda su vida, en sus inmensos y enmarañados manuscritos. 


Pues bien, imagino el laborioso trabajo del profesor Monsalve, autor de cuatro tratados sobre temas como soberanía, legitimidad, derechos humanos en el mundo globalizado y teoría de la argumentación, amén de unos cuarenta eruditos ensayos sobre los principales aspectos de la ciencia política, para alejarse del estilo de la filosofía, preciso y técnico, y embarcarse en la búsqueda literaria, en forma de novela sobre el más apremiante asunto nacional. 


Alfonso Monsalve mantiene una interesante columna dominical en EL MUNDO y, como además es buen conocedor de la novela rusa, ha podido pergeñar un interesantísimo relato sobre el sombrío fondo de violencia y terror que caracteriza la actuación, durante más de medio siglo, de los grupos subversivos a los que se les abren ahora, de par en par, las puertas del poder. 


Desde hace ya varios años Monsalve, que ocupó la Vicerrectoría de Investigación de la U. de Antioquia dentro de una exitosa carrera, viene clamando con ejemplar valentía contra el proceso de entrega del país a los grupos más sanguinarios, ignaros y destructivos en la historia patria, porque en el mundo universitario y cultural de la Colombia actual opera una siniestra mano negra que descalifica, difama y veta a quienes no comulgan con ruedas políticas de molino. 


Abanderado de las ideas democráticas de tolerancia dentro de un marco civilizado de convivencia, en su novela se ha adentrado en la maraña física y mental de los subversivos, para contarnos la verdad sobre el horror de las personas inocentes secuestradas durante largos años y convertidas en moneda de cambio o en objeto de venganza, víctimas que reciben un trato inhumano y perverso caracterizado por el hacinamiento en infames cambuches en la selva, maltrato físico permanente, pésima alimentación, carencia de atención médica, inexistentes servicios higiénicos y temor continuo a la muerte. Además, están incomunicados del mundo exterior y hasta de sus familias…


Tampoco desconoce nuestro autor las condiciones ignominiosas y sádicas impuestas por los comandantes a sus desventuradas tropas, especialmente a las mujeres, sometidas a prestaciones sexuales forzadas y al aborto salvaje, rutinario y obligatorio. 


La violencia y la brutalidad no preparan en modo alguno para el manejo del Estado, ni justifican la impunidad absoluta que se les va a garantizar a esos victimarios, que pronto estarán convertidos en jueces de los colombianos opuestos a la entrega del país. 


Al lado de una impresionante narración sobre el diario padecer de los secuestrados, el relato incluye apreciables disquisiciones sobre la historia reciente del país y acerca de los temas fundamentales de la ciencia política, inspirados en los autores preferidos del novelista, desde Kant hasta Rawls, cuya influencia se refleja en su evolución ideológica personal. En la novela, el autor se refleja en un personaje ficticio, el profesor Jorge Francisco Borge, que comparte el cautiverio con personajes reales, apenas camuflados en sus nombres.


Oportuna y necesaria obra, porque desnuda los antecedentes que un país, atolondrado por la propaganda que lo hace soñar con una idílica paz, olvida. Esta no puede edificarse sobre  la desmemoria, la mentira, la impunidad, el optimismo bobalicón y la desinstitucionalización.