Columnistas

El carbón, la alternativa energética (1)
Autor: José Hilario López A.
2 de Diciembre de 2015


Colombia cuenta con cerca de 7.000 millones de toneladas de reservas probadas de carbón, el noveno país del mundo en reservas y el quinto en exportaciones del mineral, pero paradójicamente uno de los que registra un menor consumo interno.

Colombia cuenta  con   cerca de 7.000 millones de toneladas de reservas probadas de carbón, el noveno país del mundo en reservas y el quinto en exportaciones del mineral, pero paradójicamente uno  de los que registra un menor consumo interno. Esta gran riqueza energética está distribuida por toda la geografía nacional, en especial en los departamentos de La Guajira, Cesar, Córdoba, Antioquía, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander.


En contraste, las reservas de gas natural con que cuenta el país son tan exiguas que solo alcanzan para atender la demanda interna hasta el año 2018, lo que ha obligado a la construcción de una planta de regasificación con gas licuado importado de Venezuela, que entraría en operación en el 2017. La importación de gas, hoy cuando los precios internacionales son del orden de 11,3 USD/MMBTU (dólares por millón de unidades térmicas británicas),  a lo cual se deben agregar los costos de regasificación y conexión a la red de gasoductos existente, casi que cuadriplicaría el precio actual en el mercado interno, sobrecosto éste que tendríamos que pagar todos los ciudadanos, sin olvidar que ¡Venezuela es Venezuela!


El sistema eléctrico colombiano en un 69,9% es atendido con generación hidráulica, en un 24,8% por generación con gas natural y sólo un 4,9% con plantas a carbón. Por otro aspecto, el consumo interno de gas natural entre 2004 y 2014 registró un incremento anual del 10%, mientras que el consumo del carbón permanece casi estancado.


Este crecimiento acelerado de la demanda de gas natural aunado a la deficiente oferta ha llevado a que hoy algunas plantas térmicas no dispongan de este combustible para operar, y tengan que  reemplazarlo por ACPM, cuyo costo energético es 470% más alto. Esto ha impactado las tarifas de energía que pagan  todos los colombianos, ahora que se requiere la máxima generación térmica para cuidar el nivel de los embalses durante la sequía que se avecina por el fenómeno del Niño. 


En nuestro concepto, aquí hay fallas protuberantes de planeamiento del sector eléctrico colombiano, que deberán ser reconocidas por el Ministerio de Minas y Energía, sobre todo para entrar a corregir los desequilibrios de la demanda del sector térmico en contra del carbón.


Es que el carbón debería ser nuestro principal  energético para la generación de energía termoeléctrica y para la producción de gas de carbón, sustituto del gas natural. A esto  se opone la estigmatización del carbón en muchos escenarios por dos razones fundamentales: la alta contaminación atmosférica con  CO2  durante el proceso de combustión con el consecuente impacto sobre el calentamiento global, y en menor escala la emisión a la atmósfera de partículas sólidas y de hidróxidos de azufre y de nitrógeno.  


Lo cierto es que la combustión del carbón emite un 33.6% más  CO2 que el gas natural, pero lo que no se dice, tal como lo destaca el ingeniero Camilo Gómez en reciente columna publicada en el Periódico El País de Cali y es motivo de preocupación por las autoridades ambientales en EE.UU y Europa, es  que las pérdidas de gas natural a la atmósfera durante su extracción,  transporte, uso y manipulación son del orden del 6%. Como el gas natural está compuesto principalmente por metano (CH4), cuyo efecto invernadero es 39 veces más alto que el del CO2,  la contaminación total por gases de efecto invernadero a la atmósfera es 37% más alta con gas natural que con carbón. 


La tecnología han avanzado en la búsqueda de procesos que reduzcan la contaminación atmosférica por la combustión del carbón, tales como el proceso conocido como lecho fluidizado que con una mayor eficiencia energética permite reducciones significativas en la emisión de material particulado, a lo que se suman  los  filtros de caliza para la captura de los gases sulfurosos. 


Por otro aspecto, en el mundo existe ya  tecnología para la gasificación subterránea del carbón dentro del mismo yacimiento minero, lo que resuelve el problema de las emisiones a la atmósfera durante la producción del gas de carbón requerido para generación eléctrica y como combustible. A esta interesante oportunidad para industrializar los carbones colombianos me referiré en próxima columna. 


El Ministerio de Minas y Energía debe tomar plena conciencia de que toda o por lo menos la mayor parte de  futura generación térmica debe ser con carbón, y que la gasificación del carbón, tal como lo comentaremos también en nuestra próxima columna, es la solución técnica y económica que requiere desarrollar el país para atender las demandas industriales de gas.