Columnistas


Portarse mal para que le vaya bien
Autor: Omaira Martínez Cardona
1 de Diciembre de 2015


La frase que titula este escrito parece ser la nueva ley para sobrevivir en sociedades y países como el nuestro donde como cada vez es más evidente que ser bueno no paga y que los malos son muchos más y son los nuevos líderes y superhéroes a seguir.

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La frase que titula este escrito parece ser la nueva ley para sobrevivir en sociedades y países como el nuestro donde como cada vez es más evidente que ser bueno no  paga y que los malos son muchos más y son los nuevos líderes y superhéroes a seguir e imitar. 


Cuando se inician momentos de balances, de rendir cuentas, de cambios, de evaluar propósitos cumplidos, es cuando de la manera más creativa surgen argumentos y excusas para justificar errores y decisiones que además de no tener reversa, tampoco reparan los daños. Sin la más mínima vergüenza y de manera hipócrita, con golpes de pecho y simbolismos, se expresa la indignación frente a problemáticas como la violencia de género, el maltrato infantil, el acoso en todos los ámbitos, la discriminación, y se promueven campañas contra los corruptos y a favor del perdón, sin la consciencia de las contradicciones que desde los hechos cotidianos demuestran que vamos desbocados hacia muchos abismos en los que el yoísmo y la impunidad se han convertido en buenas opciones.


Esas contradicciones surgen de adentrarse en terrenos movedizos en los que la incertidumbre y la constante batalla entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, el individualismo y la solidaridad, la resistencia y el conformismo, llevan a una permanente inestabilidad  y desesperanza.


Se padece del síndrome del yoísmo que se cree el cuento de que aquí es el centro del universo y nadie más existe, ni importa y por eso, lo que pase en otros lugares en nada nos afecta y nos consolamos asegurando que es allí donde están más “locos y rayados”, ellos, los otros, son los equivocados. Entre otros síntomas de este padecimiento se manifiestan algunos como la ignorancia en el discurso frente a situaciones coyunturales y conceptos como impunidad, castigo, indulto, amnistía, perdón, inmolación, olvido, reparación, que aunque estén relacionados y parezcan lo mismo, tienen diferencias significativas que dependen de cada caso y del sentido y apropiación de cada contexto. 


No se tiene clara la diferencia entre obrar bien u obrar mal cuando se reclaman derechos que al mismo tiempo se irrespetan, se castiga o se solicita perdón dependiendo del grado de conveniencia o interés de quién sea el victimario; cuando se juzga, crítica, acosa y excluye al que piensa y actúa diferente mientras se solicita más justicia y equidad; cada que se abusa del poder para manipular y controlar mientras se exige transparencia; cuando se intimida y acosa sicológicamente a los otros, cuando se reclama honestidad pero al mismo tiempo se esconden las manos sucias de la corrupción. Cuando no se entiende y se desconoce que la violencia que más destruye es la sicológica y no se reconoce que se tiene la tendencia por naturaleza de maltratar y abusar del otro sin consideración por su ser y su sentir.


Una opción para comenzar a demostrar que no es necesario portarse mal para sobrevivir, es asumir la responsabilidad de cómo nos tratamos, de lo que se dice y lo que se hace desde la ignorancia y que en algún momento desde la justicia divina pasará factura;  entendiendo que el respeto por sí mismo y por los demás, es la base sólida sobre la cual se pueden gestar trasformaciones y superar muchas dificultades  para una convivencia en bienestar en un país donde cada vez son más los beneficios para quienes delinquen, laboran mediocremente, maltratan con las palabras, juegan con la dignidad, acosan sin tregua, un lugar donde la privación de la libertad no es un sacrificio, sino unas vacaciones  programadas en casa.