Editorial

Todos los ojos sobre Venezuela
28 de Noviembre de 2015


El asesinato el mi閞coles, durante un acto de campa馻, del secretario general municipal del partido Acci髇 Democr醫ica, Luis Manuel D韆z, parece haber sacudido por fin a la comunidad internacional.

El asesinato el miércoles, durante un acto de campaña, del secretario general municipal del partido Acción Democrática, Luis Manuel Díaz, parece haber sacudido por fin a la comunidad internacional, que ve cómo en Venezuela se deterioran cada día más las condiciones de la oposición para hacer proselitismo con miras a las elecciones del próximo 6 de diciembre, a la vez que emergen nuevas artimañas del oficialismo para contrarrestar el inmenso favoritismo de la alianza opositora para obtener las mayorías en la Asamblea Nacional. Durante los días que restan para los comicios, el día de las votaciones y en las jornadas posteriores, el mundo no puede perder de vista la situación de nuestro convulsionado vecino, donde el desespero del oficialismo por mantener las mayorías legislativas “como sea”, lo puede llevar a cometer nuevos e insospechados atropellos.


El asesinato de Díaz, al finalizar un mitin de campaña de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en la localidad de Altagracia de Orituco, estado de Guárico, en el que participaban los candidatos de la alianza opositora y Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López y quien afirma que a ella misma la quieren matar, dio pie para que los voceros de la MUD aseguraran que la muerte del dirigente era producto de “un discurso oficial que anuncia, promueve y justifica la violencia”, reacción que fue secundada por numerosas voces en el exterior, que ven cómo la violencia cobra protagonismo en el proceso electoral en detrimento de la oposición, que no sólo no ha tenido garantías para adelantar su campaña sino que ha sido víctima de todo tipo de argucias, desde la inhabilitación de sus figuras más prominentes, pasando por el bloqueo al acceso a los medios de comunicación y llegando hasta un engañoso tarjetón donde son fácilmente confundibles los partidos de oposición y de Gobierno, el uso masivo de recursos estatales a favor de los candidatos oficialistas y la declaración del estado de excepción en los estados fronterizos con Colombia, que ha limitado su ejercicio político.


Expresamos nuestro absoluto rechazo a esta situación, que de tiempo atrás habíamos avizorado. La detención de los líderes opositores Leopoldo López, Daniel Ceballos, Antonio Ledezma y Manuel Rosales, entre otros, la farsa en que se constituyó el juicio contra López según denunciaron, primero, el fiscal de la causa Franklin Nieves, y después, la testigo Rosa Amelia Azuaje, y las ya expuestas estrategias de asfixia al accionar de la oposición, quedan como la punta del iceberg ante lo que, al parecer, está dispuesto a hacer el Gobierno de Nicolás Maduro para “defender la revolución” y que puede perfectamente terminar, como también lo hemos advertido, en el desconocimiento de los resultados electorales, tesis alimentada por la reacción oficial a los hechos del miércoles en la que, ni siquiera para guardar las apariencias, se anunció alguna investigación seria e independiente, sino que se hizo lo posible por menoscabar la reputación de la víctima, a quien se acusó de hacer parte de bandas criminales.


El deterioro gradual de la situación parece haber llegado al punto que se requería para que la comunidad internacional reaccionara, a juzgar por las numerosas manifestaciones de rechazo a la muerte del líder político y los incesantes pedidos al Gobierno de Maduro para que garantice los derechos de la oposición y respete los resultados de los comicios. A la aséptica salida de Unasur, cuya misión electoral manifestó un tibio rechazo “a todo tipo de violencia” y exhortó a los participantes en la contienda electoral a que “no hayan más sucesos de carácter violento”, se contrapuso la enérgica reacción del secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien pidió al Gobierno de Venezuela actuar para que las elecciones no sean un ejercicio de fuerza, violencia y miedo, cuestionamiento que llevó a Maduro a calificar de “basura” a Almagro, en una muestra más de su falta de diplomacia y respeto a la propia dignidad que él ostenta como Presidente de Venezuela.


La Unión Europea también fue enfática en pedir a Venezuela que investigue los hechos, pedido al que se unieron varios gobiernos de ese continente, organizaciones como Amnistía Internacional, el Gobierno de los Estados Unidos y algunos de América Latina, incluido, vaya sorpresa, el de Colombia. En este sentido, nos alegramos de que el Parlamento Europeo envíe una misión de doce diputados para hacer un seguimiento a los comicios. Su experiencia reciente le permite tener la claridad de que el fortalecimiento de las democracias es una tarea de la comunidad internacional, sin que ello implique abuso de la soberanía, pues las consecuencias negativas del deterioro de una democracia las pueden sentir en sus propios territorios, a donde llegan los rebeldes a expandir su campo de acción para hacerse visibles. Lo peor de la situación es que puede empeorar en la medida en que se acerque el día de las votaciones y el oficialismo siga viendo inminente su derrota. La comunidad internacional debe estar alerta para que, de ninguna manera, Maduro dé el golpe de gracia de suspender los comicios, ante lo cual la respuesta internacional tendría que ser contundente e inmediata.