Columnistas

Los peque駉s-grandes obst醕ulos
Autor: Bernardo Trujillo Calle
28 de Noviembre de 2015


Una palabra a destiempo, una interpretaci髇 equ韛oca que se haga sobre el actual proceso de paz que cursa en La Habana, se convierten en barreras dif韈iles de franquear a causa de la susceptibilidad que despierta el espinoso tema.

Una palabra a destiempo, una interpretación equívoca que se haga sobre el actual proceso de paz que cursa en La Habana, se convierten en barreras difíciles de franquear a causa de la susceptibilidad que despierta el espinoso tema.  Los comisionados de ambas partes ya se ven fatigados y se muestran quisquillosos por la presión y las grandes expectativas que despierta el incierto final de su misión.  Tal vez sea el gobierno el que tenga más claros los temas que se discuten y los tiempos programados para avanzar en ellos, pero las Farc a cada paso tratan de hacer de cualquier nimiedad un motivo de discusión y aplazamiento.


Porque aplazar es una táctica que la guerrilla aplica sistemáticamente en este tramo de su vida azarosa, pues para ella los días y los años vividos en el monte son iguales y parece que les fuera indiferente y por eso los asume con la calma de quien no tiene en su calendario domingos, ni días festivos, ni interés en los resultados. ¡Para que! No obstante, la verdad es que la guerrilla se está envejeciendo, sus comandantes ya parecen disfrutar más hablando de paz en la ciudad que disparando en el monte y corriéndole a los bombardeos.  Porque además, ya nadie cree en su inicial misión de una protesta contra un régimen opresivo, pues hace años que eso pasó.  En fin, las Farc y el Eln, como lo dije hace poco, son hoy una antigualla rebasada por el paso de los años y lucen como algo sin sentido por falta de un cometido que las justifique.


Ahora mismo han dicho las Farc que el plazo de seis meses de que habló el presidente Santos para concluir con la firma el proceso de paz, no ha empezado a correr porque el acuerdo final no se ha dado, no obstante que aquel día fue registrado y sellado con un amistoso apretón de manos por las partes ante testigos de excepción.  Recuerdo que allí estaba presente el presidente de Cuba, señor Raúl Castro, el más entusiasta de todos según la amplia sonrisa con la cual subrayó el momento solemne. Semejante laxitud para interpretar estos episodios no cabe sino en la cabeza de quienes están acostumbrados a vivir sin afán, en una onda intemporal que no conocemos los demás mortales.


Pero es que tampoco les satisface a las Farc el plebiscito como mecanismo de ratificación del acuerdo final y por eso se empeñan en promover una constituyente a sabiendas de que puede llegar a desbordar los propósitos de una simple atestación formal del acuerdo.  Todos sabemos que la constituyente es una aventura sin control, un paso en falso que nos puede llevar a discutir sobre lo divino y humano y que sólo la subversión y acaso el Centro Democrático lo prohíjan para sacar provecho de la incertidumbre que acarrea.


Tenemos confianza de que el presidente no va a caer en la celada de poner el proceso de paz a caminar al compás de una constituyente.  La fecha del 23 de marzo propuesta por él para firmar el acuerdo, es una meta no sujeta a aplazamiento y las Farc tienen que entenderlo.  Tres años de deliberaciones en La Habana son más que suficientes.


La contribución de Enrique Santos, hermano y consejero del presidente, ha sido excepcional por su eficacia en el propósito de afianzar al comandante supremo de la guerrilla en la promesa de acelerar el final del conflicto. Su prestancia personal infunde vigor al proceso.  Enrique ha sido puntal de gran valor estratégico y como es bien sabido, él fue el primer contacto con la guerrilla y una especie de sombra del presidente en las buenas y en las malas. Con Humberto De la Calle y los otros comisionados del gobierno, constituyen el grupo de escuderos que llevarán la gran empresa de la paz a un buen final.  Empresa insignia que nos devolverá a los colombianos la tranquilidad que necesitamos.


Nadie se explica cómo es posible que haya todavía quiénes subordinan el bien de la paz, a mezquinos resentimientos políticos, tratando de obstaculizar la ya inminente firma del acuerdo con la guerrilla. Pero por encima de estas talanqueras, pronto las tendremos en actitud de sometimiento a las reglas de la lucha democrática, disputando con los demás partidos políticos las curules en todos los cuerpos colegiados.  Sin fusiles, ni acechanzas.