Columnistas

Solución ciudadana a una fiebre común
Autor: Alejandro Álvarez Vanegas
28 de Noviembre de 2015


La Tierra está enferma, no cabe duda. Así como nuestro cuerpo responde con fiebre cuando sufrimos algunas enfermedades, también nuestro planeta está respondiendo a nuestras acciones con un aumento global en la temperatura.

La Tierra está enferma, no cabe duda. Así como nuestro cuerpo responde con fiebre cuando sufrimos algunas enfermedades, también nuestro planeta está respondiendo a nuestras acciones con un aumento global en la temperatura. En la comunidad científica mundial hay consenso contundente con respecto a una característica del cambio climático que vivimos hoy: es de origen antrópico, punto. El planeta ha pasado por cambios de clima naturales, sí, pero somos los humanos quienes por medio de la deforestación y la quema de combustibles fósiles (ligadas a muchas otras actividades como las industriales, las de desarrollo urbano, las agrícolas, etc.) provocamos la grave aceleración del calentamiento global. La reunión que se avecina en París es vital pues allí los líderes mundiales deberán llegar a un acuerdo para reducir globalmente las emisiones de gases de efecto invernadero y así intentar evitar las catástrofes que acarrea el cambio climático. Ya se sabe que estas negociaciones son difíciles y que, como en Copenhague, a veces fracasan, pero es precisamente ese largo y tortuoso camino que se ha recorrido el que ha despertado la voluntad política y ahora genera una atmósfera optimista con respecto a lo que ocurrirá en la COP 21 en las próximas dos semanas. 


Sin embargo, el cambio climático no es un tema reservado para las grandes personas del mundo político y de otras altas esferas. Las decisiones que se tomen en París serán determinantes y podrán abrirle muchas puertas al cambio, eso es verdad, pero nunca serán suficientes si no se da un compromiso fuerte desde otros sectores, sobre todo desde la ciudadanía. Las problemáticas medioambientales son situaciones ligadas a los estilos de  vida y producción modernos y a nuestros hábitos de consumo. Nuestro comportamiento y nuestras decisiones cotidianas son la principal fuerza que jalona y da sentido y poder a los sistemas de producción, a los productos que se venden, a los modelos de negocios que se implementan, a los políticos que llegan a altos cargos, etc. Es nuestro día a día el que le da forma al mundo y es la manera en la que vivimos la que ha enfermado al planeta. Esto se debe en gran parte a una cuestión cultural: estamos en una cultura de consumo que generalmente ve en la acumulación ilimitada el camino al bienestar y tiende a separar el medio ambiente de la sociedad y la economía. Vivimos en una cultura insostenible. 


¿De qué manera podemos aportar a la mitigación del cambio climático y a la solución de otras problemáticas medioambientales? Creo que en el fondo se requiere que cambiemos nuestra concepción de felicidad y bienestar y que reflexionemos y nos conozcamos tan profundamente que podamos darnos cuenta de que somos naturaleza misma y de que es necesario modificar nuestra relación con nosotros mismos y con el universo… Pero esto puede ser un poquito complejo, yo sé, así que podemos empezar a aportar de manera práctica con acciones sencillas: comprar productos locales, usar la bicicleta y el transporte público, comprar menos pendejadas, comer menos carne, separar correctamente los residuos y claro, cómo no, participar en iniciativas ciudadanas asumiendo nuestra responsabilidad política. Este último punto suena complicado, pero no lo es. Hacer política no es difícil si entendemos que, como lo dice la RAE, la política es también la “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. Podemos aportar mucho con acciones individuales y hay también hay espacios colectivos buenísimos para participar (uno que recomiendo es la iniciativa Ciudades Bajas en Carbono de La Ciudad Verde, de la cual todos podemos hacer parte).


Sí, estoy de acuerdo con que esperemos buenos resultados de la COP21 y celebremos la buena voluntad en los políticos. Considero, sin embargo, que el despertar de la voluntad y la acción política en la ciudadanía con respecto a éste (y muchos otros temas) es aún más importante. Ahí se esconde el verdadero potencial de cambio.