Editorial

Pasos hacia un planeta 50-50
25 de Noviembre de 2015


El pasado 27 de septiembre, unos 80 líderes mundiales se reunieron en Nueva York para impulsar el compromiso político de sus naciones para poner fin a la discriminación de género de aquí al año 2030 y anunciar medidas concretas.

El pasado 27 de septiembre, unos 80 líderes mundiales se reunieron en Nueva York para impulsar el compromiso político de sus naciones para poner fin a la discriminación de género de aquí al año 2030 y anunciar medidas concretas y cuantificables en ese sentido. La iniciativa buscaba renovar los acuerdos alcanzados veinte años atrás, cuando se produjo la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, el plan más avanzado jamás asumido por la comunidad internacional para luchar contra la violencia y la discriminación de la mujer. Hoy, cuando se celebra el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, vestimos nuestro cabezote de color naranja y expresamos nuestro pleno respaldo a las políticas que desde los gobiernos local, regional y nacional se están adelantando para que el país cumpla las obligaciones asumidas, que abarcan, además, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, que en su quinto punto señalan: “Alcanzar la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.


El 25 de noviembre es una fecha significativa para las activistas femeninas, puesto que fue el día señalado por la Asamblea General de la ONU para sensibilizar a la sociedad acerca del problema de violencia contra las mujeres. La fecha, entre tanto, era observada por los movimientos feministas como la conmemoración del brutal asesinato, en 1960, de las tres hermanas Mirabal, por parte del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Sin embargo, no  fue hasta 1995 que la ONU se comprometió de lleno a construir un mundo en el que todas las mujeres y las niñas pudieran ejercer sus libertades y a hacer realidad sus derechos a vivir sin violencia, a asistir a la escuela, a participar en las decisiones y a tener igual remuneración por igual trabajo, lo que desencadenó la visibilización mundial de una lucha que hasta entonces había sido silenciosa. La realidad, empero, muestra que ningún país, hasta ahora, ha materializado las buenas intenciones de la Plataforma. Las mujeres, casi siempre, siguen ganando un menor salario que los hombres; la tercera parte de ellas sufre violencia física o sexual y las brechas en los derechos reproductivos y la atención de salud causan la muerte de 800 mujeres al dar a luz cada día, según datos de ONU Mujeres.


La fecha de hoy, que además da inicio al programa “16 días de activismo contra la violencia de género” hasta el 10 de diciembre, marca el momento para que los estados renueven sus compromisos y su voluntad política para movilizar a la sociedad en tres aspectos: hacer de “la violencia más tolerada en el mundo”, según la directora de ONU Mujer, Phumzile Mlambo-Ngcuka, algo inaceptable, castigable y prevenible.


Para hacerla cada vez más inaceptable, es necesario que toda forma de violencia contra las mujeres sea reconocida y denunciada, bien por las propias víctimas o por sus allegados, puesto que es común el subregistro existente, que se explica en que las personas violentadas prefieren guardar silencio por el miedo a peores tratos, a perder el sustento económico o por considerarlo algo “cultural”. En el rechazo social, los medios de comunicación jugamos un papel protagónico mediante el adecuado uso, o el abuso, de la imagen de la mujer; cosificarla o convertirla en objeto de consumo que vende y se vende, facilita el daño o la agresión por parte de los victimarios que en la mayoría de los casos son personas del círculo íntimo de la víctima. Tampoco ayuda una respuesta minimizante por parte de las autoridades: son muchos los casos en los que una víctima da el paso de denunciar pero la justicia no actúa, sino que la invita a conciliar o no toma las acciones requeridas, lo cual, en la práctica, es labrar el terreno para que la situación empeore.


El castigo a estas conductas no sólo es un deber sino que se ha facilitado en los años recientes, gracias a que, en desarrollo de los compromisos internacionales, se han ido adoptando leyes específicas para la defensa de la mujer. Según ONU Mujeres, mientras 125 países cuentan actualmente con leyes contra el acoso sexual y 119 disponen de leyes contra la violencia doméstica, sólo 52 han aprobado leyes referentes a la violación en el matrimonio. En Colombia, este año se aprobó la Ley 1761 o “Ley Rosa Elvira Cely” que tipifica el feminicidio como “un delito autónomo, para garantizar la investigación y sanción de las violencias contra las mujeres por motivos de género y discriminación”. 


Y con miras a la prevención, que es el tercer aspecto de la movilización que promueve este día, vale la pena destacar  la experiencia del Sistema de Información y Conocimiento sobre Género de Medellín (Sicgem), que busca hacer visibles las situaciones y condiciones de las mujeres en la ciudad, con el fin de que ellas puedan acceder a la oferta institucional que requieran. De igual manera, el trabajo de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia, creada hace quince años, que fue pionera en el país y que ha logrado esparcir su labor por todo el departamento, en 80 municipios mediante la formulación de la Política Pública, en 25 localidades con la creación de institucionalidad, y en dos municipios del área metropolitana con secretarías u oficinas de las mujeres con operación autónoma. Estos aportes, en la escala local, unidos a los compromisos que cada país asumió, son el camino que nos puede llevar a tener, en 2030, un planeta con igualdad de género. Un planeta 50-50.