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Pobreza S.A. ¿Y si nos replanteáramos el modelo de ayuda internacional?
Autor: Juan Felipe Vélez Tamayo
24 de Noviembre de 2015


La semana pasada escuché una entrevista a Michael Matheson, el autor del documental Poverty Inc., en el programa EconTalk. Poverty Inc.

La semana pasada escuché una entrevista a Michael Matheson, el autor del documental Poverty Inc., en el programa EconTalk. Poverty Inc. es un documental que hace un análisis sobre el impacto que han tenido los actuales programas de ayuda internacional en los países del tercer mundo; con un lente crítico, el documental muestra cómo muchos de estos programas han sido más destructivos que productivos. Todavía no he visto el documental, por ende en esta columna me enfocaré en la entrevista, la cual naturalmente hace constante mención al documental. 


Matheson afirma que la estructura actual de los programas de ayuda internacional tiene un punto de partida equivocado y asume que la solución a la pobreza es un problema de incrementar las transferencias monetarias. La intuición económica detrás de los programas de ayuda internacional descansa en la tesis de que una economía, para crecer a un nivel determinado, necesita de una tasa de inversión requerida. Debido a que los ahorros de los países del tercer mundo son incapaces de alcanzar dichos niveles de inversión, la ayuda internacional  debe entrar para cerrar dicha brecha.


Desafortunadamente, a pesar de que año tras año la ayuda internacional ha crecido, la evidencia no parece corroborar que las naciones receptoras hayan tenido un crecimiento recíproco. 


Es común escuchar desde la prensa y la televisión cosas como “si lo países ricos destinaran X cantidad de dinero a campañas en contra del hambre, podrían solventar la desnutrición en África durante Y cantidad de años”, personalmente, como economista, no sé  de dónde sacan esas proyecciones, ni cómo las hacen. En todo caso, este tipo de afirmaciones descansa bajo la visión de que la pobreza es carencia de recursos, mientras que una visión alternativa indica que la pobreza no es carencia de recursos sino incapacidad de convertirlos en riqueza. 


Matheson afirmó en la entrevista que el modelo actual no solo asume que el problema es falta de dinero, sino que asume de forma igualmente errónea que los países del tercer mundo tienen instituciones capaces de absorber y redireccionar semejantes flujos de dinero en actividades productivas. 


En la actualidad la ayuda internacional ha permitido perpetuar regímenes y gobernantes corruptos que, en vez de llevar a cabo programas para salir de la pobreza, se han dedicado al asistencialismo cortoplacista que solo la hace más llevadera, y así mantener el statu quo. 


De igual forma, el elevado flujo de donaciones de bienes y servicio a través de las ONG’s ha creado un efecto crowding out sacando a los negocios locales del mercado; en otras palabras, debido a que las ONG’s regalan estos productos, la población local no tiene ningún incentivo para comprárselos a los productores locales. A eso se le añade que las ONG’s no pagan ningún tipo de impuesto, las empresas locales sí.


Matheson afirmó que uno de los grandes problemas de estos países es que su economía es primordialmente rural, no obstante, buena parte de la tierra no tienen ningún tipo de registro, lo cual hace difusos los derechos de propiedad sobre ésta y lleva a conflictos. 


Otro problema sustancial es la falta de un sistema de justicia eficiente, el cual ayude a resolver conflictos. En varios países de África, un caso de un ciudadano común puede tardar hasta diez años sin ser atendido por las cortes.


Finalmente, es muy difícil para los ciudadanos pobres y de clase media crear una empresa en el tercer mundo, ya que el marco regulatorio no es claro y excesivamente rígido. No es coincidencia que los países más pobres africanos a su vez estén de último lugar en el ranking del Doing business.


Tal vez si la ONU dedicara sus esfuerzos a un programa de asesoría institucional el cual ayudara a estos países a crear un sistema de cortes eficiente, unos derechos de propiedad claros y facilitar la creación de negocios, impactaría más sobre la vida de los habitantes de éstas naciones que cualquier asistencialismo.


Tal vez si dejáramos de ver al pobre como alguien que constantemente necesita asistencia y limosnas, y empezáramos a verlo como lo que es, un humano igual de noble y digno al resto, que con un poco de ayuda podría salir adelante por sus propias capacidades, lograríamos acabar con la pobreza.


Ñapa: Para quien esté interesado en escuchar la entrevista a Michael Matheson, puede descargarla de éste link: http://www.econtalk.org/archives/2015/11/michael_matheso.html. Está en inglés.