Editorial

Tres tristes platos
20 de Noviembre de 2015


Es triste la coincidencia de los terceros aniversarios del fallo “salomónico” que despojó a Colombia de 70.000 km2 de mar territorial para entregarlos a Nicaragua.

Es triste la coincidencia de los terceros aniversarios del fallo “salomónico” que despojó a Colombia de 70.000 km2 de mar territorial para entregarlos a Nicaragua; del inicio del proceso en busca del fin del conflicto armado con las Farc, y del tercer mes de cierre de la frontera y expulsión de miles de residentes de Venezuela. Esta conjunción evidencia que persisten enfoques insuficientes para contener amenazas al territorio, la seguridad y la paz. 


Entrada. Para referirse al cierre de fronteras, expulsión de nacionales e incumplimiento de compromisos comerciales, como la devolución de préstamos de gas hoy necesaria para la estabilidad energética del país, voceros gubernamentales han omitido balances de las reuniones previstas para definir la reapertura o sobre la reinstalación de los colombianos expulsados o que huyeron de la persecución chavista. El silencio que intenta cubrirla no remedia una crisis larga y con serios efectos para las difíciles relaciones de los países. Las ausencias de la canciller María Ángela Holguín se hacen más notorias con el ruidoso arribo a Caracas del secretario general de Unasur, expresidente Ernesto Samper. Él instalará la única misión de observación electoral admitida por el chavismo para los comicios del 6 de diciembre, condición que hace temer que el organismo será validador de un proceso que el mundo teme esté manchado por un nuevo y burdo fraude. La anunciada cómplice de las agresiones a la democracia venezolana también ha sido defendida como alternativa a la OEA para acompañar la búsqueda de soluciones a la crisis diplomática por las decisiones unilaterales de Caracas sobre la frontera binacional.


Plato fuerte. Colombia recordó ayer la decisión tomada hace tres años por la Corte Internacional de La Haya en el proceso instaurado por Nicaragua contra el tratado Esguerra-Bárcenas, que definió los límites entre las dos naciones. Aunque la vigencia del tratado fue confirmada por la sentencia, esta lo modificó substancialmente e introdujo nuevas definiciones de límites que cambiaron el territorio nacional, actuación por la que expertos reclamaron buscar la nulidad del fallo. La pasividad del Gobierno para recurrir la sentencia propició afectaciones económicas que sienten los pescadores, una inestabilidad territorial evidente en las dos demandas que pretenden exigir la ejecución del fallo y obtener más territorio, así como la amenaza ambiental por la construcción del proyectado Canal de Nicaragua. Hoy los analistas económicos y los ambientalistas consideran que las obras del canal se aplazarían por las pérdidas del empresario chino Wang Jing, que medios como la BBC estiman en 84% de su capital, y por las exigencias, no reveladas aún, que hace el estudio de la británica Enviromental Resources Management. Esta posibilidad no conjura las amenazas a Colombia por la descarga de más de 81 millones de toneladas de residuos sólidos, documentada por la exministra Noemí Sanín, y la circulación de grandes buques que pondrían en riesgo la reserva coralina del Sea Flower, que estamos obligados a proteger. Mientras dejan de actuar frente a una de las principales amenazas a la estabilidad de los ecosistemas nacionales, las autoridades colombianas preparan maletas para la glamurosa, así se encuentre amenazada, cumbre COP21 en París.


Postre. El presidente Santos anunció hace tres años que el proceso de conversaciones en busca de la solución del conflicto armado con las Farc sería corto; en ese entonces habló de menos de un año. A pesar del tiempo transcurrido, ayer abundaron voces triunfalistas reclamando que la Mesa de conversaciones ha trabajado con agilidad, así como las que destacaron acuerdos parciales, así hayan pasado 18 meses sin definir un acuerdo que consolide los puntos pendientes, que son aquellos que comprometen a las Farc. También resonaron voces reclamando la solidez de acuerdos que entendíamos están regidos por el principio de que “nada está acordado mientras todo no esté acordado” y en los que las Farc tienen escasas obligaciones. Sonaban esas voces, cuando el jefe negociador Humberto de la Calle, también esperanzado en el buen suceso de la negociación, fijó el principio de realidad sobre su estado reclamando que “esperamos que las Farc estén a la altura de esta oportunidad y que entiendan que este proceso es para terminar el conflicto y no para crear nuevos conflictos”, dijo en La Habana. Ojalá la respuesta no haya explotado en Argelia, Cauca, dejando el triste saldo de tres soldados heridos por una mina antipersonal.