Editorial

Premio a la esperanza
17 de Noviembre de 2015


Colgada de las montañas del Centro-Oriente de Medellín, se encuentra la guardería que merecen disfrutar todos los niños y sus familias.

Colgada de las montañas del Centro-Oriente de Medellín, se encuentra la guardería que merecen disfrutar todos los niños y sus familias. Su construcción muestra comprensión de los menores de 5 años e interés por su bienestar. Su dotación expresa afán de protegerlos y ofrecerles los medios suficientes para su desarrollo. Sus maestros y cuidadores son generosos apoyos en el proceso de exploración y formación de sus sueños. A ella llegan alumnos y familias que comparten diversidad y vulneraciones que amenazan su bienestar y que buscan romper las condenas de su historia. Es el Centro de atención a la primera infancia de la fundación Las Golondrinas, con apoyo del programa Buen comienzo de la Alcaldía de Medellín. Este es el ganador del premio Alas-BID al mejor Centro Infantil de América Latina.


El premio fue entregado en Washington, cuando todavía resonaba en el corazón la alerta del sociólogo Buenventura de Sousa para que los antioqueños evitemos que las alegrías por la transformación de Medellín deriven en conformismo y ocultamiento de las necesidades y carencias de una ciudad y un departamento que todavía deben pagar grandes deudas con el desarrollo integral de sus gentes. Por sus características, los ganadores y el momento en que se entrega, este premio es también una invitación a idear nuevos proyectos e incentivos a la cooperación. 


La fundación Las Golondrinas merece disfrutar este premio que avala su trabajo con población vulnerable y diversa, que inició hace 34 años en el barrio Santo Domingo y que desde 1984 extendió al barrio Llanaditas. Tras llegar acompañada por un sacerdote que le abrió camino, la Fundación consolidó allí un modelo de trabajo con familias que huían de la violencia, la miseria que causa o las economías ilegales que la alimentan. Para quienes arañaron laderas para levantar más hogares que viviendas, Las Golondrinas fue mano solidaria que acompañó a instalarse, facilitó la atención nutricional a los niños, los procesos de educación de las familias y abrió las puertas a la educación; primero la informal de sus guarderías, luego la formal del colegio Caminos de paz, inaugurado en 2012. Cuando el Estado llegó a estas laderas que habían crecido en su ausencia, generó demandas para sí, para quienes esperaba apoyar en procesos de ciudadanización y para instituciones como esta Fundación, que habían desarrollado acciones con la mera iniciativa privada que realizaban principios de solidaridad y corresponsabilidad con la vida común. 


Entendemos este premio a la cogestión que ha sido posible en el Centro de atención infantil como una importante oportunidad para analizar, comprender, valorar y consolidar la cooperación público-privada. Y lo valoramos como muestra de la madurez de un modelo que profundiza la solidaridad de los privados, en especial en sus aspectos que trascienden el pago de impuestos o contribuciones de valorización, que participan de la gestión pública, construyendo iniciativas en las que ponen en juego su capacidad de diálogo. De ese modo, el premio se convierte en aplauso a quienes han aprendido a aprovechar los principios de servicio y sentido público, característicos de los gobiernos, y los valores de eficiencia y control, que definen la gestión privada. Así como lo han hecho Las Golondrinas y otras instituciones que trabajan con poblaciones vulnerables en la ciudad, los funcionarios del Municipio de Medellín han aprendido a superar las dificultades de forjar cooperación entre sectores en los que han reinado las sospechas o, cuando menos, la indiferencia. Después de años de esfuerzos, hoy recogen los resultados del diálogo de visiones y saberes y confirman que tiene mucho sentido el empeño por reconocer las capacidades del otro y construir nuevas formas de relacionarse para producir verdadera sinergia.


En su versión 2015, la cuarta de estos premios fruto de la alianza del BID con la fundación por la educación y los niños que lidera Shakira, el premio Alas-BID en la categoría innovación fue concedido a la fundación Canguro, institución radicada en Bogotá, pero que también opera en Medellín desde el Centro de Salud Campo Valdés, y que desde hace treinta años investiga y promueve el modelo “Madres canguro”, el cual ha resultado idóneo para garantizar la supervivencia y brindar protección eficaz a los niños prematuros o que tienen bajo peso al nacer, así como conocimiento y confianza a sus padres. Porque conocemos muy de cerca ambas iniciativas, no podríamos estar más de acuerdo con este reconocimiento que reciben y que las confirma como verdaderos ejemplos a imitar y apoyar.