Columnistas


¿Holocausto? ¡Nunca más!
Autor: Mariluz Uribe
17 de Noviembre de 2015


He visto y oído como han hablado de holocausto refiriéndose a las terribles toma y retoma del Palacio de Justicia de hace 30 años, o sea cuando muchos de ustedes estaban chiquitos, pero nosotros los más grandecitos alcanzamos a grabar lo que salía.

He visto y oído como han hablado de holocausto refiriéndose a las terribles toma y retoma del Palacio de Justicia de hace 30 años, o sea cuando muchos de ustedes estaban chiquitos, pero nosotros los más grandecitos alcanzamos a grabar lo que salía en TV, y eso que de puro inocentes al principio no sabíamos si se trataba de una telenovela, o si tristemente era la noticia del día.


En mi  colegio enseñaban Historia Sagrada**.  Allí aprendí lo que era un holocausto. Un sacrificio hecho en homenaje a Dios. Se pedía a los israelitas que sacrificaran el más bello animal de sus rebaños, quemándolo en una pira en honor de Dios.  


Así por ejemplo su Dios le había pedido a Abraham que demostrara su amor y obediencia a Él ofreciéndole en holocausto a su hijo Isaac. Por fortuna el Dios se arrepintió y le permitió cambiar al niño por un cabrito, pero ya el niño había cargado la leña hasta el lugar del sacrificio, y seguro esto la afectó. A los 40 no se había casado y el papá salió a buscarle esposa, Sara, y ésta casi no logra quedar embrazada. 


Más tarde Dios dijo que no más de eso, que más bien se manejaran bien, lo cual como sabemos les quedaba como difícil a muchos personajes de “El Libro de los libros”. Y a nosotros también, pero no hay  que  compensarlo matando. Después en mi Facultad de Filología de la U de A aprendí que  Holocausto venía del griego. Lo pueden ver en el Diccionario de la Academia: Ölos: todo y kaustós: quemado,  de allí pasó al latín como holocaustum: 1. Sacrificio especial entre los israelitas, en el que se quemaba viva la víctima. 2. Acto de abnegación que se lleva a cabo por amor...


Según la Biblia el término Holocausto significa el primero de los tres géneros de sacrificios, así llamado porque se  consumía por el fuego toda la víctima.


Y según el Larousse: Sacrificio -sobre todo entre los judíos- en el que se quemaba completamente la víctima. “Abraham consintió en ofrecer a su hijo en holocausto”. Ofrenda generosa.


Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial y los nazis resolvieron írsela contra los judíos (y también contra católicos y gitanos) inventaron los campos de concentración donde los agotaban con el maltrato y los experimentos, y acababan quemándolos en los hornos. Conocí el Campo de Auchswitz, ahora lugar de turismo (tengo fotos). En la puerta un gran letrero en varios idiomas: “Nunca más”. Ojalá sea verdad. Frase que deberíamos emplear en Colombia en nuestros procesos de paz. 


Sé  que los judíos no gustan que se llame holocausto a lo que los suyos sufrieron en esos campos. ¿Se estaba haciendo eso en honor de algún dios? He tenido muchos amigos judíos como el Prof. Wancier de la Javeriana, que se fue a EE UU, y mi compañera Gracie que se fue a estudiar a Israel porque aquí no se respetaba la gente. Mi hijo vivió en Israel.


No dejo de preguntarme por qué los colombianos llamamos holocausto a lo que sucedió, precisamente, en el  Palacio de Justicia. ¡Busquemos un nombre más adecuado!


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**Unos 40 años después también le tocó a mi hijo, en colegio suizo, aprender Historia Sagrada, y aunque era inteligente y buen estudiante, me pidió  que le ayudara a estudiar esa historia que por que no la entendía. Sorprendida le pregunté: - ¿Qué es lo que entiendes? - Mamá, no entiendo por qué hay sangre en todas las páginas. No sé qué le contesté, el libro era ilustrado, así que  “saltaba a la vista” la sangre en todas las páginas, y esa era la base de la clase de religión. 


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A