Columnistas


¿Plebiscito o constituyente?
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
15 de Noviembre de 2015


La discusión sobre la refrendación de los acuerdos de La Habana, por medio de un plebiscito, va en que sólo se necesitarían el 13% el censo electoral, algo así como 4’400.000 votos afirmativos, pues bastaría que sufragara el 26% aproximado.

La discusión sobre la refrendación de los acuerdos de La Habana, por medio de un plebiscito, va en que sólo se necesitarían el 13% el censo electoral, algo así como 4’400.000 votos afirmativos, pues bastaría que sufragara el 26% aproximado de dicho censo, en lugar de los casi 8’500.00 que se requerirían, si se cumpliese con lo estipulado en la ley, para validar este evento, el 50% del total de votantes potenciales, alrededor de 16.950.000.


Torcerle el pescuezo a la Constitución, haciendo que una minoría del 12.5% de los electores apruebe en una pregunta de sí o no, que ni siquiera permite pronunciarse selectivamente sobre los distintos temas que se hayan consensuado, lo pactado en Cuba con las Farc, es lo más antidemocrático que se le ha propuesto el gobierno hasta ahora, para entregarle el país a ese grupo. Pero como hasta esa iniciativa ha sido criticada por alias Timochenko, que lo que desean es una Constituyente hecha a su medida, y sus representantes en la mesa de conversaciones, puedo apostar que tampoco el plebiscito será aceptado por los verdaderos dueños de la negociación, y el Gobierno terminará por citar a una Constituyente, para darles gusto, así el presidente Santos les diga que respecto a esa exigencia, se bajen de la nube, y para encubrir su enésima traición, le pondrán un nombre rimbombante, aunque lo ya los colombianos sabemos, que aunque lo vistan de palabra exótica, constituyente se queda.


Y es que la postura de las Farc es completamente coherente con su objetivo final de la toma del poder. Lo que ocurre es que ellos no buscan una constituyente donde el electorado, de manera libre, elija los dignatarios que harían parte de ella, sino que querrán asegurase la mayoría de la representación a través de mecanismos espurios, como la representación corporativa integrada por sindicatos, organizaciones agrarias y estudiantiles que ellos manejan; partidos minoritarios suyos con asignación de escaños, independientemente del apoyo popular que tengan; a lo que se adicionaría un cupo para sus propios delegados, que en ningún caso, aventuro, sería inferior al 10% del total de constituyentes; y a esto le sumarían los votos obtenidos por la coalición de Unidad Nacional. Con una composición de este tipo, no sólo se validaría lo que se consigne en el acuerdo de La Habana, sino que avanzarían en la idea de transformar la estructura del Estado para optar por un modelo socialista de tipo soviético. Con una constituyente a su medida, asuntos, como los de la consulta popular y temas como los del umbral, desaparecen, y en cambio, escriben en piedra sus pretensiones, asegurándose el futuro para muchos años.


Los que no entienden la situación son los del gobierno. En cambio, tal vez el expresidente Uribe sea de los pocos colombianos que ha visto con claridad este crucial punto. Sabe que el plebiscito tiene los problemas que se han señalado más arriba y entiende que un refrendo sería muy problemático, no sólo por las dificultades técnicas que tiene, sino por  la cantidad de preguntas de distinto orden, que deberían avalar los ciudadanos, razón por la cual, a pesar de haber sido propuesto por el Ejecutivo, ahora lo rechaza porque, según Santos “sería un suicidio”; a esto súmesele que también tendría el problema del umbral, que aterra a Santos.


Es por esas razones, por las que también propone una constituyente. Si se llegase a una, el pueblo colombiano determinaría el futuro del Estado colombiano, independiente de la presión de la gente que pactó en La Habana.  Pero, por supuesto, su conformación sería democrática, sobre la base del principio, un ciudadano, un voto. Ahí sí habría una verdadera expresión de la voluntad popular. En ese escenario, no habría trucos como los de bajar arteramente el umbral a un plebiscito para responder el paquete chileno de un sí sin conocimiento informado. Si la composición de la Constituyente fuese tal que avalase los acuerdos dela Habana, luego del estudio a profundidad de lo propuesto, sólo cabría inclinarse ante tal decisión mayoritaria. Pero si no, o si sólo validase parcialmente los acuerdos y rechazara parte de ellos, habría que aceptar la decisión.  Esa sería una verdadera decisión democrática y debidamente analizada y tomada, originada por el voto de los colombianos.


Pero lo más probable es que esto no ocurra y que la exigencia de la Farc sea admitida por la puerta de atrás. Y si eso no funcionara y ningún mecanismo de refrendación popular le sirviera a esa organización, pues ahí está la posición del señor Fiscal, quien simplemente dice que el presiente no está obligado a buscar ninguna clase de aceptación popular a los acuerdos, porque la paz es un derecho fundamental, que precisamente por ello, está protegido de las decisiones mayoritarias.  Lo que no dijo es que una paz conquista a espaldas de los colombianos sólo generará más violencia, que es, exactamente, lo que se quiere evitar, se supone, con la negociación.