Columnistas


De perdón y responsabilidad política
Autor: Hernán Mira
15 de Noviembre de 2015


“Para no trivializar la vida de los vivos hay que valorar la vida segada de los muertos” Manuel Reyes Mate
El expresidente Belisario Betancur y la exministra Noemí Sanín, con motivo de los treinta años del holocausto del Palacio de Justicia.


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“Para no trivializar la vida de los vivos hay que valorar la vida segada de los muertos” Manuel Reyes Mate


El expresidente Belisario Betancur y la exministra Noemí Sanín, con motivo de los treinta años del holocausto del Palacio de Justicia en los que se ha revivido la legítima necesidad de conocer la auténtica verdad de los hechos, se han pronunciado específicamente con el perdón que quedó indisolublemente ligado a hechos tan luctuosos y dolorosos como esos.


El expresidente Betancur, en un comunicado, dijo “si errores cometí, pido perdón a mis compatriotas”, una especie de perdón condicionado pues el elude asumir en la memoria de lo acontecido que él era el presidente en ejercicio esos 6 y 7 de noviembre de 1985 y, como tal, el comandante de las Fuerzas Militares que, como ya se sabe, cometieron excesos, no protegieron la vida de los rehenes y, en investigaciones muy serias, se ha demostrado que torturaron y desaparecieron personas. Es evidente que hubo errores y muy graves. En sentencia, el  Tribunal Superior de Bogotá señala claramente que el entonces jefe de Estado (jefe máximo de las Fuerzas Militares) no determinó la forma o manejo del rescate de los rehenes, “lo que significó para los militares una carta abierta para destruir al enemigo, en el menor tiempo posible, sin que la suerte de los rehenes o los destrozos fuera obstáculo”. No es, entonces, un perdón real el de Betancur pues él en su fuero interno, no admite las equivocaciones que hubo y que han quedado ya bien claras.


La exministra Noemí fue más allá y en otro comunicado dijo “Me preguntan si voy a pedir perdón. Sin soberbia alguna, ratifico que no. No lo haré. Sería fácil hacerlo; se me recomienda como conveniente, ¿Por qué no pido perdón? porque una y otra y vez analizo mi conducta y no encuentro en mi memoria, ni en los más profundos y exigentes resquicios de mi conciencia, y menos en mi razón, motivo alguno para hacerlo. Sería un acto de retórica, quizá políticamente correcto, pero para mí, carente de sentido.” Bien llamativo como se niega a pedir perdón Sanín, cuando era parte de un gobierno en el que ocurrió esa tragedia y, en ese caso, es muy clara la responsabilidad colectiva del equipo. Además, ella ordenó suspender las transmisiones radiales que eran la única forma de comunicación con los magistrados y, como pregunta Yamid Amat, ¿qué hubiera pasado si no se interrumpe la transmisión? Queda el interrogante en la conciencia de Sanín y la de todos.


Me queda la sensación que en los casos del expresidente y la exministra, como en la de muchos otros, solo quedara la memoria y la razón de los que sobrevivieron a la tragedia. Bueno es entonces recordar el planteamiento del filósofo Reyes Mate: “Frivolizamos la paz cuando sólo pensamos en los vivos…la vida del ser más modesto es de valor absoluto. Y el mal que se le hace no puede prescribir, ni ser olvidado” Estamos en la hora de la paz y del perdón.


CODA. Admirable y ejemplar la actitud del alcalde electo, Federico Gutiérrez, de salir a las calles a agradecer a los ciudadanos su elección. Un buen paso en la democratización y humanización de la política que tanta falta nos hacen.