Columnistas

¿Para dónde va el capitalismo y alternativas?
Autor: Guillermo Maya Muñoz
9 de Noviembre de 2015


Al decir de Keynes, aunque el capitalismo no es “perfecto”, no hay alternativas. Margaret Thatcher dijo lo mismo “no hay alternativas”.

Al decir de Keynes, aunque el capitalismo no es “perfecto”, no hay alternativas. Margaret Thatcher dijo lo mismo “no hay alternativas”. Sin embargo, se referían a dos cosas diferentes. Los matices no son importantes. Keynes se refería a que el capitalismo se podía civilizar con la intervención del estado en la economía con política fiscales expansivas y creando mejores condiciones distributivas del ingreso y la riqueza; mientras, Thatcher se refería al sometimiento de los trabajadores a la disciplina del mercado, sin consideraciones democráticas y de bienestar “porque no existe tal cosa, la sociedad”.


El capitalismo moderno se viene caracterizando, en su etapa neoliberal, como el ascenso de la globalización y financiarizacion, con libertad de flujos de comercio y de capitales, mientras los tratados comerciales se convierten, sin revelarlo, en tratados de inversión, en beneficio de las corporaciones transnacionales y de los intereses nacionales de las metrópolis.


Según Badiou, The Rebirth of History (2012), el objetivo de la agenda neoliberal es “privatizar todo”. Pero en otro sentido es profundamente inhumano. “Abolir la ayuda para los débiles, los solitarios, los enfermos y los desempleados. Abolir toda la ayuda para todo el mundo, excepto los bancos. No cuidar de los pobres; dejar morir ancianos. Reducir los salarios de los pobres, pero también reducir los impuestos a los ricos. Que cada uno trabaje hasta que esté en los noventa. (…) Y la ejecución de estas órdenes en efecto arruinará la vida de millones de personas”. 


Por otro lado, el capitalismo actual está en medio de una de las crisis más severas que ha vivido, la de 2008, y que todavía no se ha superado del todo. Los países desarrollados, EEUU, UE, Japón, etc, todavía exhiben tasas de crecimiento muy bajas, con tasa de desempleo mucho más altas, y los más pesimistas han definido esta situación como estancamiento secular (Larry Summers). La crisis del 2008  ha eliminado el 13% de la producción global y el 20% del comercio global (Paul Mason). 


Los PED o emergentes, también, con China a la cabeza, se han desacelerado, y dado el efecto bumerang, la demanda de commodities ha caído de tal suerte que el crecimiento, por ejemplo, de los países suramericanos, que apenas si tuvieron un bajón en 2009, parece que se convierte en más desempleo y bajo crecimiento.  Ya se habla de crisis global.


En consecuencia, tanto debido a la coyuntura de la crisis como a las trasformaciones estructurales del capitalismo, la distribución del ingreso ha empeorado, recuperando su tendencia secular, a favor del capital, dando como resultado que el periodo keynesiano del siglo XX cuando mejoró la distribución del ingreso, fue un desvió de la tendencia, como lo ha señalado Thomas Piketty (2014) en El Capital Siglo XXI.


Los fundadores del socialismo “científico” Marx y Engels (1848) concluyen El manifiesto comunista con la frase lapidaria: “Los comunistas (…) proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente”. Es decir, el capitalismo.


La respuesta de Keynes, en una reseña Sobre Trotsky (1926), a los marxistas es que “no es necesario debatir las sutilezas que llevan a que un hombre justifique la verdad por medio de la violencia, pues nadie posee la verdad. Lo que hay que hacer es usar la inteligencia y no emprenderla a los golpes”. Los marxistas no se referían solo a los golpes y porrazos.


El capitalismo para Keynes (La autosuficiencia nacional, 1933) no le resultaba el mejor de las alternativas: “no es un éxito, no es inteligente, no es hermoso, no es justo, no es virtuoso (…) Pero cuando estamos pensando qué poner en su lugar, nos quedamos completamente perplejos”. Sin embargo, los marxistas piensan que tienen una alternativa.


El socialismo, para Keynes en la Teoría general (1936), trataba de resolver el mismo problema, pero sacrificando la eficiencia y libertad: “Los sistemas de los estados totalitarios de la actualidad parecen resolver el problema de la desocupación a expensas de la eficacia y la libertad”


Sin embargo, “el mundo no tolerará por mucho tiempo más la desocupación que, aparte de breves intervalos de excitación, va unida -y en mi opinión inevitablemente- al capitalismo individualista de estos tiempos; pero puede ser posible que la enfermedad se cure por medio de un análisis adecuado del problema, conservando al mismo tiempo la eficiencia y la libertad”.


A pesar del optimismo de Keynes, el estado Keynesiano está en retirada. Por el lado de la política fiscal, esta se caracteriza por someterla a las presiones de la austeridad y a “reglas fiscales” (Colombia) o techos (EEUU); mientras la política monetaria de inflación objetivo dirigida por bancos centrales independientes, cuidando que el valor de los activos de los bancos, que son las deudas del público, no se erosionen con la inflación, enriquece al “uno por ciento”.


Según Paul Krugman los austerianos se han “tomado” el mundo de la política. Claro, diría Kalecki (1943, Los aspectos políticos del pleno empleo), se trata de darles una lección a los trabajadores.


El capitalismo actual solo resuelve las necesidades, eso sí ilimitadas, a un a un segmento muy pequeño de la población, mientras al resto le prometen el disfrute para “después”. ¿Cuáles son las alternativas?


PD: Apartes de la ponencia en un Panel de la Reunión de Clacso, Viernes 13 de nov de 2015, Medellín.