Columnistas

Para tener en cuenta
Autor: Alberto Maya Restrepo
9 de Noviembre de 2015


El siguiente es un aparte del discurso del papa Francisco en la ONU el pasado 25 de septiembre:"quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de persona".

El siguiente es un aparte del discurso del papa Francisco en la ONU el pasado 25 de septiembre: “…quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas. Otra clase de guerra que viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico. Una guerra «asumida» y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones”.


¿Será mucho pedirle a Santos que, dentro de “su” proceso de conversaciones con las Farc, tenga muy en cuenta esas palabras del papa? No puede ser que ahora el resto de colombianos tengamos que tragarnos el cuento de que el narcotráfico es delito conexo al de rebelión y, por tanto, dentro de los acuerdos sobre justicia ese tema ha de pasar de agache. ¿Cuántos muertos por cuenta del narcotráfico de las Farc? ¿Cuántas familias destrozadas o divididas por eso? ¿Cuántos drogadictos que han acabado con su existencia y han dejado en la ruina a los suyos? ¿Cuánta corrupción impera en Colombia atribuible directamente al envenenamiento de conciencias a través de los dineros del narcotráfico? ¿Cuán grande también el daño ecológico a cuenta de la siembra de coca? Estas son, entre muchas, preguntas que nos hacemos millones de colombianos que queremos que las penas que se impongan a los responsables de ese delito estén de acuerdo con el sentido común y no con el sinsentido de una paz buscada para lograr un Nobel y para establecer una nación lo más parecida posible a una que refleje los ideales del castro-chavismo.


Santos salió con bombos y platillos a anunciar algo dizque acordado en La Habana y luego, en la medida en que la gente, incluidos comentaristas y analistas de gran calibre, empezó a poner en duda tal o cual aspecto o a hacer preguntas sobre los verdaderos alcances de algo de lo anunciado, entraron en juego los asesores de Santos a dar declaraciones de las que parece que se desprendiera que eso que la gente no comprende es, casualmente, lo que dizque falta por acordar de aquí a Marzo del año entrante. Por tanto, ¿qué se acordó “parcialmente”? Entonces, ¿ya no vale aquello de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”? Mejor dicho, armaron un galimatías orientado a no entendamos por dónde va tabla y, entre tanto, se pretende que eso se apruebe tal cual “democráticamente”, pero al no existir los mecanismos adecuados, se harán expedir las normas que “sí lo permitan”, gracias al respaldo incondicional (y vaya uno a saber cuán enmelotado de mermelada) de arrodillados amigos.


Sí a la paz, pero... no a cualquier paz. Santos con tal de que le den el Nobel de Paz podría hasta dejarnos embarcados en un lío mayor al problema que con “su” acuerdo pretende resolver. Santos tiene con qué irse, a partir de 2018, a vivir a cualquier país, mientras desde la distancia observa cómo nos debatimos aquí en la implementación y ejecución de lo acordado en un proceso en el que se ha mostrado debilidad, aunque desde el principio se pudo haber ahorrado tanto gasto diciéndoles a las Farc: redacten lo que quieran y cuando esté en limpio hacemos una ceremonia monumental para firmarlo. El problema para Santos en La Habana no ha sido debatir posiciones, sino tratar de buscar cómo a los colombianos nos anestesia para que nos traguemos tamaños batracios impuestos por las Farc y cómo armar el esquema legal para dar por aprobado lo allí “pactado”. Así cualquiera logra un acuerdo de paz con quien sea.


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A las empresas que demuestren que están exportando les deberían hacer una rebaja en sus costos de energía.