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se tanque Cascabel!
Autor: 羖varo Gonz醠ez Uribe
7 de Noviembre de 2015


La imagen de ese tanque de guerra Cascabel subiendo esas majestuosas escaleras, subiendo pesada y lentamente como un monstruo pisoteando un jard韓 de violetas, entrando por la puerta de las instalaciones de una entidad tan sagrada como el Palacio.

@alvarogonzalezu


La imagen de ese tanque de guerra Cascabel subiendo esas majestuosas escaleras, subiendo pesada y lentamente como un monstruo pisoteando un jardín de violetas, entrando por la puerta de las instalaciones de una entidad tan sagrada como el Palacio de Justicia,es la imagen más dramática y grotesca que muchos colombianos recordaremos por siempre.


Es el símbolo de uno de los peores momentos de una democracia de papel... encendido. Era la violación de la justicia por parte del aparato coercitivo del Estado, es decir, el Estado de Derecho desmembrándose. De un Estado cuyos componentes institucionales no supieron cómo defenderse de un ataque cobarde y aleve perpetrado por un grupo ilegal.


Ayer y hoy se cumplen 30 años de aquella tragedia cuyos humos y cenizas aún enturbian el aire de Colombia. Culpas que van y vienen, desaparecidos, juicios, testimonios inéditos que continúan engrosando expedientes, restos humanos que siguen apareciendo, y, ahora, solicitud de perdones sin destinos claros.


Y las investigaciones proseguirán por siempre entrela cómplice confusión del tumulto, del fuego, del humo, de los gritos, de las interpretaciones, de las verdades y las mentiras, de los silencios y de la guerra de valores por defender, maestro, ¿la democracia?, ¿la vida?, ¿las instituciones?, ¿la justicia?, ¿la inequidad?


Suposiciones, declaraciones, especulaciones: Que el M-19 actuó patrocinado por Pablo Escobar; que la fuerza pública no planificó y utilizó una fuerza desmedida en la retoma del Palacio; que varios magistrados, funcionarios y civiles murieron por balas de organismos del Estado o debido alos daños colaterales de la ciega retoma; que civiles fueron torturados y desaparecidos; que la Policía o el Ejército o ambos y otros sabían previamente de la toma y que con el fin de capturar o matar a los guerrilleros retiraron la vigilancia días antes; que hubo un tiempo en el cual el presidente Betancur perdió el mando del país a manos de las Fuerzas Armadas en unacto que se llama golpe de Estado; que hubo censura; en fin. Estas y otras sospechas, conjeturas, verdades o mentiras siguen flotando en el ambiente de Colombia.


Algunas y otras de esas afirmaciones están más que comprobadas para muchos, al igual que esas y otras fueron además justificadas en defensa de valores construidos a la medida de cada cual. (En Colombia vamos a las sastrerías para que nos confeccionen los valores, las leyes y las constituciones). Otras se niegan. Sin duda, fue una corta pero cruenta guerra en la cual, como en toda guerra, la verdad también fue -es- la primera víctima.


Muchos dirán, dicen, que ya qué. Que eso fue hace 30 años y Colombia debe seguir su rumbo. Pero no. En primer lugar, hay víctimas, familiares, que tienen que saber la verdadsobre la suerte de sus seres queridos, sobre la forma como murieron y quién fue el responsable directo o indirecto de sus tragedias.


En segundo lugar, este país para tomar un rumbo claro y acertado tiene que saber la verdad política de los hechos, la historia verdadera y completa, que al fin y al cabo es lo único capaz de evitar que se vuelvan a repetir semejantes hecatombes.


Sin duda, se trata, si no la más, de una de las mayores heridas que tiene Colombia en su historia y que sigue sin cicatrizar. La toma del Palacio de Justicia y la reacción del Estado quedarán para siempre como “un manotazo duro, un golpe helado / un hachazo invisible y homicida / un empujón brutal...” que nos derribó y nos mantiene aún abatidos.


Pueden avanzar las investigaciones al amparo de la lesa humanidad agobiada y doliente de todos los colombianos; pueden develarse verdades y desmentirse mentiras; puede incluso, por qué no, hasta descubrirse cada detalle, cada motivación, cada secuela, cada gota de sangre, ¡todo!, pero ese vergonzoso capítulo de nuestra historia nunca se podrá cerrar. Nunca se debe cerrar para escarmiento y enseñanza de esta y de todas las generaciones de colombianos por venir.