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Y luego de la pasi髇, el poder de lo simple en educaci髇
Autor: Mar韆 Victoria Angulo
6 de Noviembre de 2015


El pasado 29 de octubre la Ministra de Educaci髇 y la directora del Icfes presentaron los resultados de las Pruebas Saber 11, aplicadas en agosto, en las que participaron 544.908 estudiantes de colegios oficiales y privados de calendario A.

El pasado 29 de octubre la Ministra de Educación y la directora del Icfes presentaron los resultados de las Pruebas Saber 11, aplicadas en agosto, en  las que participaron 544.908 estudiantes de colegios oficiales y privados de calendario A, población que representa el 84% de la matrícula del país. En suma, los resultados muestran que el comportamiento del porcentaje de estudiantes ubicados en los puestos 1 al 400 de la Prueba Saber 11 Calendario A entre 2005, 2010 y 2015, ubican el promedio nacional en el 40% del nivel superior.


Desde cierta perspectiva, estos resultados muestran cómo se encuentra la calidad de la educación media y confirman que los retos son grandes y que por lo tanto tenemos que ser creativos; pero también invitan a revisar factores asociados a este desempeño que tienen que ver con que los chicos deserten o permanezcan en la escuela. A todos nos interesa que permanezcan y que el tránsito por la escuela sea significativo en sus vidas.


La calidad es un asunto multidimensional que se ve afectado por distintos aspectos que tocan la escuela. Cuando hablamos de una educación de calidad, sin importar la perspectiva ideológica o epistemológica, hay algo que pareciera estar por debajo de las voluntades políticas y administrativas, que en ocasiones parece invisible, débil y agotado: el aprendizaje como acto privado y personal que surge de dos cosas, simples pero complejas de conjugar, como son la capacidad de enseñar y el interés de aprender.


Tras años de trabajo en el sector y de escuchar a investigadores, docentes y hacedores de política, he focalizado mi atención en aquello que aparentemente suena simple y que tiene que ver con el relacionamiento, con las emociones y con lo que conecta a aprender. Las Redes de Tutoría, estrategia a la que me referí también en mi pasada columna, rescatan el poder de lo simple, resultan una perfecta combinación entre pasión y educación. La propuesta se instala en el corazón del acto de aprender sin necesidad de materiales costosos, dejan verdadera capacidad instalada y, por lo tanto, las considero una apuesta que debemos tener en cuenta en la agenda de las regiones. Sea esta entonces la oportunidad de complementar lo dicho la semana pasada, luego de la experiencia en terreno acomapañando en la Araucanía en Chile la puesta en marcha de esta iniciativa bajo el liderazgo de Educación 2020. 


Atención personalizada, aprendizaje individual y flexibilidad de tiempo son aspectos nodales en la conformación de una Red de Tutoría. Para los escépticos, estas características pueden parecer privilegios que difícilmente puedan tener lugar en la educación pública, sin embargo, la experiencia en escuelas públicas en Zacatecas, México, donde las condiciones de la educación pública no distan demasiado de las nuestras, confirma que el aprendizaje a través de la relación tutora ocurre mediante un diálogo personalizado en el que la  atención y el ritmo individualizado representan la parte humana de la educación que se ha perdido en tantas escuelas por cuenta de la rigidez del currículo. Aunque en Colombia no tenemos un currículo único, el reto está en enfocarnos en cómo aprenden los estudiantes y, por lo tanto, en fortalecer la capacidad de enseñar más que en agotar el listado de temas que, por los tiempos y espacios que se han complejizado tanto, nos hemos obligado a abordar muchas veces desde breves pinceladas. Ser parte de una Red de Tutoría implica comprender que un verdadero cambio educativo y social comienza a partir de una transformación personal que se propaga y tiene un efecto dominó que, según Meixi Ng, estudiante de doctorado de ciencias de aprendizaje y desarrollo humano de la Universidad de Washington, “es un efecto de sanación desde el aula hacia la comunidad”.


La tutoría y su despliegue en red posibilitan la atención uno a uno para que cada estudiante alcance un análisis de alto nivel de calidad y comprensión en el tema tratado. Así mismo, la ventaja de la flexibilidad radica en que el tutor puede ajustar el nivel de dificultad de los trabajos para mantener el interés del aprendiz. El respeto, la calidad de atención y el tiempo dedicado al tutorado ayudan a los maestros a construir relaciones sólidas, asunto de vital importancia para los estudiantes que llegan a la escuela con dificultades. Si des-complejizamos la mirada, lograr que esto ocurriera en nuestras escuelas implicaría lograr que se instauraran procesos auténticos de calidad educativa que, seguramente, como ocurrió en México, se verían reflejados en mejores desempeños en las pruebas nacionales.


La meta de lograr que Colombia sea la más educada en el 2025, y en general las apuestas latinoamericanas por mejorar resultados en los aprendizajes, han implicado un foco especial en la calidad de la educación. Se observan avances, voluntad, más recursos y muchos actores queriendo aportar. Por ello, desde la sociedad civil resaltamos la importancia de agregar otros elementos: el poder de la delicadeza en cómo llegar y acompañar a una escuela y el poder de lo simple. Entonces, proponemos las tutorías como alternativa para impactar en las formas de enseñar y de aprender y de fortalecer las competencias socioemocionales, generadoras de empoderamiento y empatía, condiciones necesarias para hacer que las cosas pasen en el sector educativo. Parecen silenciosas y simples, pero son potentes motores de cambio en la escuela. 


En suma, además de lo evidente, es decir, las prioridades en materia de formación de maestros, ambientes de aprendizaje, la evaluación y su poder transformador; integremos a la agenda educativa formas poderosas de conversación, relacionamiento e investigación que son aparentemente simples pero infinitamente poderosas.