Columnistas

Hablando de hablar y de escribir
Autor: Mariluz Uribe
2 de Noviembre de 2015


Se me ocurren unas palabritas sobre hablar y escribir. Ante todo ambas cosas implican pensar primero. ero no es frecuente que lo hagamos!

Se me ocurren unas palabritas sobre hablar y escribir. Ante todo ambas cosas implican pensar primero. ¡Pero no es frecuente que lo hagamos!


De cuantas cosas que hemos dicho sin pensar y también escrito sin revisar, nos hemos arrepentido.


Los franceses, grandes amantes del amor, según cuentan y según leemos en sus novelas y poesías, quieren amar a unas mujeres siempre y simplemente hermosas y  por eso y para eso les dicen: “Sois belle et tais toi”: Sé bella y cállate. Parece que eso lo inventó el poeta Baudelaire.


Tal vez por lo dicho no recuerdo haber tenido ningún “admirador” francés y eso que el trabajo de mi marido nos llevaba a Francia frecuentemente.


De joven (!) conocí a un noble francés en Bogotá, un conde (y no me pregunten qué esconde un conde porque no sé, las jóvenes de mi época éramos muy virtuosas, tal cual la Virgen. Y seguramente las de ahora también, si son  “virtuales”. ¡O sea irreales!)


Bueno, el conde C. (y no era el santandereano de Cuchicute)  me invitó a tomar té (tomar la bebida té) en “El Bambú”, un elegante salón de la calle 19 donde tocaban violines de verdad, tres violinistas que se iban acercando, como mucho. (**)


A la despedida, el conde, mirándome fijamente y clavando su pulgar en su índice, me dijo: “Te falta un poquitico” (un petit peu). Como mis lectores se imaginarán llevo años buscando qué es y dónde me pongo ese “poquitico” que me falta ¡y no lo he encontrado!  Tal vez por eso no soy condesa, sino simplemente paisa.


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Me encantó la maravillosa crítica que hace mi admirada  Lucila González de Chaves,  en EL MUNDO del jueves 15 de octubre sobre “La nueva gramática de la lengua española”, de la Real Academia española, 2010.


 Yo ya había hecho una critiquita por aquí, pues cuando empecé a consultarla, esa Gramática amarilla me contradecía todas mis ideas y conocimientos, entonces creí que era que  se me había olvidado el castellano, o que éste había cambiado tanto, que ya no era el que había aprendido cuando en el bachillerato se estudiaban castellano y latín, siendo el latín nuestra Lengua madre. 


Y en la Facultad de Filología  de la Universidad de Antioquia había aprendido las raíces de varios idiomas y las semejanzas que había entre ellos por culpa de las raíces. Descubrí por ejemplo que el César romano (pronunciado Caesar) el  Kaiser alemán, y el Zar ruso, venían de lo mismo y venían a ser lo mismo. Era interesante averiguar la razón por la cual  las palabras eran lo que eran y fueran como son. 


Esto resultó muy útil cuando después estudié Psicología en la U. Javeriana, pues como  sabía el significado de las palabras, tanto a los compañeros como a las compañeras les encantaba estudiar conmigo...  Modesta, ¿no?


** Ahora, me dicen, hay allí un edificio de sesenta y siete pisos.


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A